Guaymallén: lo advertimos antes, y el incendio llegó justo donde más convenía

Por Néstor Bethencourt
Ecos Mendocinos lo advirtió hace 10 meses: los expedientes estaban bajo amenaza. El incendio no creó la crisis. Cayó sobre una gestión agotada, con sistemas fallidos, sobrecontratación, áreas ya fuera de juego y un relato cada vez más lejos de la realidad. Imposible naturalizarlo.
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El fuego llegó tarde
En Guaymallén el incendio no empezó con la primera chispa. Empezó cuando Ecos Mendocinos advirtió, en junio del año pasado, que los expedientes estaban bajo amenaza. Lo de ahora no cayó sobre un sistema sano. Cayó sobre una estructura frágil, opaca y sostenida por relato.
El sistema que debía reemplazar a sistema SAYGES arrancó, pero SAYGES siguió vivo, convertido en otra capa de gasto. Después en julio del 2025, entró sistema Nómade, vendido como gran modernización, y terminó siendo el sistema del que todos hablan por su nulo funcionamiento hasta el incendio. Y cuando sistema InfoGov salió por finalización de contrato el 31 de marzo, tampoco apareció una normalidad nueva. Quedó un vacío. Un vacío caro, ruidoso y cada vez más difícil de disimular.
Por eso el municipio miente por omisión cuando dice que por el incendio quedaron fuera de juego Rentas, Inmuebles, Comercio, Tránsito, Cementerio y otros sectores. Esas áreas ya venían fuera de juego. El fuego no paralizó una normalidad. Expuso una ficción.
Calvente actúa, Conte responde por el desastre
En Guaymallén es vox populi que los problemas graves del municipio contrastan con la realidad que Marcos Calvente pregona. Calvente pelea por sostener lo que cree que es, no por hacerse cargo de lo que hace. Entre el discurso y la gestión hay un abismo.
Su secretario de gobierno, Ignacio Conte quiere sobresalir. Y sobresale, sí, pero como uno de los principales responsables de los sistemas contratados, de las promesas jamás cumplidas y de una modernización que terminó en papelón. También juega como nexo entre Luis Petri y Marcos Calvente, a través de Mariana Echevarrieta. Conte ya está en carrera, para ser intendente el próximo año.
Junto con Calvente, Conte carga con algo más que un incendio. Carga con la dilapidación de fondos públicos, con la persecución y el feroz apriete a los empleados, y con una baja importante en sus salarios. Por eso no hubo bonos de sueldo a tiempo, otro negocio fallido envuelto en promesas tecnológicas. Y cuando aparecieron, el empleado debía consentir la ubicación del celular para poder verlos. Eso no es modernización. Es degradación.
El tren fantasma sigue llegando
En pocos días asumirán nuevos concejales. Ahí están la cuestionada Silvia Donati, Fabricio Lucero, excuñado de Marcos Calvente, y Luis Giménez, quien pidió un subsidio por un bien que estaba asegurado. No parece renovación. Parece el tren fantasma de la corrupción entrando otra vez a la estación.
Y además viene otro recambio de directivos y funcionarios, el segundo en la gestión de Calvente. Pero eso ya no engaña a nadie. El problema no son solo los nombres que cambian. El problema es el líder que los pone, los sostiene y después los cambia para simular reacción.
Los impresentables también son gestión
Muchos de los recambiados el año pasado fueron impresentables. El caso de Pedro Adi lo resume bien. Fue señalado como violento, maltratador serial y con antecedentes negativos en Irrigación. Su ingreso se explicó por vínculos políticos y familiares con el malogrado ex subscretario de Justicia Marcelo D’agostino. Hoy, según distintas versiones, mantiene una oficina-bulo en la playa de secuestros, donde se encierra con Jésica Lucato, cierra con llave y tapa las ventanas.
En esa misma playa, paredes cayeron hacia vecinos linderos el 30 de enero y nadie se hizo cargo. Calvente posa con cara de “yo no fui”, mientras Conte intenta tapar, evitar filtraciones y encajonar escándalos, como se denunció con el robo de material sensible de Accidentología.

Sobre Pedro Martín Adi tampoco faltan antecedentes incómodos. Una publicación del diario digital El Medio señaló que, durante su paso por Irrigación como ex jefe de Máquinas, se reportaron irregularidades que afectaron el patrimonio del organismo, entre ellas el choque de un vehículo oficial fuera de horario y el manejo indebido de equipos y repuestos. Según esa misma publicación, Adi renunció sin sumario y luego desembarcó como Subdirector de Tránsito en Guaymallén, sin que esas faltas quedaran explicadas ni sancionadas. Eso no es un detalle lateral: es otra muestra del tipo de perfiles que el municipio incorporó o sostuvo mientras intentaba vender prolijidad institucional.
No solo eso. Conte también nombró a varios familiares. Entre ellos, a su prima María José López Magnani, al frente de tres jefaturas, junto a Daniel Ozán, ex socio del “Nene” Carrizo.
Y en Desarrollo Comercial e Industrial, Lorenzo Nieva Dinerstein avala subsidios cuestionados, como el caso del concejal electo Luis Antonio Giménez–LLA, y también como jefe a Farid Aznar en Comercio, quién tiene una cadena de Geriátricos en Maipú, Guaymallén y Godoy Cruz, flojas de papeles y abiertas en muy cortito tiempo, mientras Nieva aparece poco y nada en Guaymallén.
Todo estaba en expedientes
Lo más grave es esto: todo estaba en expedientes. Sistemas. Contratos. Advertencias. Parcheos. Promesas. Vínculos. Todo. Y ahora la pregunta no es solo qué se incendió. La pregunta es qué más puede desaparecer en un municipio donde todo lo crítico parece vivir al borde del colapso. Ya solo faltaría que desaparezca parque automotor completo, porque las deficiencias sobre vehículos livianos y pesados son enormes, y los contratos que los rodean son peores. Por las dudas planeaban transferirle a Lavalle camiones desmantelados sin razón de su estado.
Nunca hubo un incendio tan oportuno
Sí, hay que decirlo. Nunca hubo un incendio tan oportuno. Oportuno para el relato, para la urgencia, para las contrataciones directas. Oportuno para intentar que todo empiece de nuevo sin mirar lo que venía pudriéndose desde antes.
Si fue provocado, habrá que encontrar responsables. Y si no lo fue, habrá que establecer quiénes omitieron cuidar y proteger un sector que el propio municipio presentaba como estratégico y millonario. En cualquiera de los dos escenarios, la salida no puede ser la impunidad.
Pregunta: ¿Permitieron que profesionales del municipio puedan ver el lugar siniestrado?
Y hay otro dato igual de obsceno: no aparece nadie. Ningún dirigente, ningún funcionario, ningún referente partidario levanta la voz por esta situación ni por casi ninguna otra en Guaymallén. Como las elecciones recién serán el año que viene, están todos calladitos, mirando de costado y dejando que el municipio siga hundiéndose solo. Ese silencio no es prudencia. Es complicidad, cálculo y miseria política. Porque cuando arde un sector crítico del Estado y nadie exige explicaciones de fondo, lo que queda en evidencia no es solo la fragilidad del oficialismo. También queda expuesta la cobardía de una dirigencia que prefiere esperar el calendario antes que defender a los vecinos.
Porque en Guaymallén no solo se incendió un sector. Se intentó incendiar el contexto.
Y el contexto ya estaba escrito.
Lo advertimos antes.
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