Hasta Formosa pide informes por cloacas: en Guaymallén, Los Corralitos espera entre olores y silencio

Mientras en Formosa diputadas radicales reclamaron explicaciones por contaminación cloacal, en Guaymallén el drama de Los Corralitos sigue acumulando años, olores y silencios oficiales.
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Hay comparaciones que no necesitan demasiado esfuerzo, porque la realidad se encarga sola de escribir la ironía. Esta semana apareció una nota en La Mañana de Formosa que debería leerse en Mendoza con la nariz tapada y la vergüenza despierta. Allí, diputadas radicales denunciaron contaminación y pidieron informes sobre una planta de tratamiento de efluentes cloacales, tras reclamos vecinales por olores nauseabundos, residuos visibles y posible mal funcionamiento del sistema.
El dato sería grave en cualquier provincia. Pero el contraste se vuelve demoledor cuando se mira hacia Guaymallén. Porque mientras en Formosa, una de las provincias más cuestionadas del país, algunas legisladoras decidieron moverse por un problema cloacal, en Los Corralitos los vecinos siguen esperando respuestas después de años de padecimiento.
Y no se trata de una molestia menor, ni de una exageración vecinal. En esa zona de Guaymallén hay familias que vienen denunciando olores, desbordes, acequias afectadas, contaminación y una convivencia diaria con una situación sanitaria inadmisible. El problema no apareció ayer, ni nació con una publicación periodística, ni puede esconderse detrás de una frase burocrática.
La nota de Formosa importa por una razón muy simple: muestra una reacción política ante una denuncia ambiental. No porque Formosa sea ejemplo institucional, sino exactamente por lo contrario. Si hasta allí una situación cloacal genera pedidos de informes, ¿qué excusa queda para Mendoza?
Los Corralitos y la sensibilidad selectiva
En Mendoza sobran discursos sobre ambiente, control, cercanía con el vecino y gestión moderna. Lo que parece faltar, cuando el olor llega desde Los Corralitos, es la voluntad concreta de preguntar lo básico. Qué pasa, desde cuándo pasa, quién debía evitarlo, qué organismo falló, qué obra se hizo y por qué los vecinos siguen atrapados en el mismo drama.
La escena tiene una ironía casi perfecta. Algunos dirigentes pueden mirar problemas de otras provincias con una velocidad admirable, pero parecen sufrir miopía sanitaria cuando la contaminación queda dentro de Guaymallén. Para indignarse lejos siempre hay tiempo. Para pedir informes cerca, aparentemente, hace falta turno.
Y como si el cuadro no alcanzara, Ecos Mendocinos mostró otro capítulo que debe entenderse como un agravante aparte. Al drama histórico de Los Corralitos se suma el derrame de líquidos cloacales desde camiones provinciales sobre canales ubicados en Guaymallén. Ese hecho no reemplaza el problema central que padecen los vecinos, pero lo vuelve todavía más grave.
Dicho sin perfume técnico: Los Corralitos ya tenía bastante con su propio calvario como para recibir líquidos cloacales con servicio de reparto. La contaminación no solamente aparece por desbordes y abandono; también puede llegar en camión, con chapa oficial y destino difícil de explicar.
El olor también es político
La respuesta institucional suele esconderse detrás de una coreografía conocida. AySAM puede mirar al municipio, el municipio puede mirar a la Provincia, la Provincia puede mirar el techo y la Legislatura puede mirar para otro lado. Mientras tanto, el vecino mira la acequia, cierra las ventanas y entiende que la palabra “competencia” muchas veces sirve para que nadie sea competente.
Por eso el caso de Formosa deja un espejo incómodo. Allá, legisladoras pidieron informes por contaminación cloacal. Acá, Los Corralitos sigue esperando que senadores, diputados y funcionarios conviertan la preocupación en algo más útil que el silencio.
A esta altura, pedir explicaciones no sería un acto heroico. Sería apenas cumplir con una obligación mínima. Porque cuando una comunidad convive durante años con olores, líquidos cloacales y contaminación, la demora deja de parecer demora y empieza a parecer abandono.
La pregunta final es sencilla. Si en Formosa piden informes por cloacas, ¿qué tiene que pasar en Los Corralitos para que Mendoza haga lo mismo? ¿Hace falta que el olor llegue a la Legislatura? ¿Que las acequias pasen por Casa de Gobierno? ¿Que los líquidos cloacales vengan con expediente, membrete y moño institucional?
En Guaymallén, el problema no es solamente que haya líquidos cloacales donde no debería haberlos. El problema es que la mugre parece circular mejor que las respuestas. Y cuando hasta Formosa funciona como espejo incómodo, Mendoza debería dejar de mirar para otro lado.
Porque a esta altura, el olor más fuerte ya no viene solamente de los canales. También viene de la política que todavía no pregunta lo suficiente.
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