Volvieron los carteles de la gente al Acceso Este en Guaymallén

Por Néstor Bethencourt
Después de la primera tanda satírica, Ecos Mendocinos presenta nuevos carteles imaginarios sugeridos por lectores sobre el Acceso Este. Esta vez, el eje también apunta a Marcos Calvente, quien volvió a inflar el relato al presentar como “la mayor obra de los últimos 50 años” una mejora sobre un acceso que tiene 47 años.
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La primera nota de los carteles que faltaban en Guaymallén nació como una sátira sobre el festival de cartelería oficial que invadió el Acceso Este. El municipio llenó laterales, banquinas y espacios visibles con mensajes de obra, futuro y entusiasmo institucional. Ecos Mendocinos respondió con humor, usando la misma lógica visual, pero con frases más cercanas a lo que muchos vecinos viven todos los días.
Ahora llega la segunda tanda, pero con un eje más claro: Marcos Calvente volvió a inflar el relato. Presentar la intervención del Acceso Este como “la obra más importante de los últimos 50 años” suena impactante, sí. Pero tiene un pequeño problema: el Acceso Este tiene 47 años, y lo actual es una ampliación y mejora sobre algo que ya existe.
La obra puede ser necesaria, útil y hasta importante. Nadie discute que mejorar una vía de circulación tenga valor. Pero vender una ampliación como si Guaymallén estuviera inaugurando por primera vez el camino al futuro ya entra en otro terreno. Ahí empieza la sátira, porque cuando el relato se agranda más que la obra, la realidad también pide cartel.

La obra histórica que ya tenía historia
Ese detalle no es menor. La comunicación oficial puede adornar, explicar y destacar. Lo que no debería hacer es convertir cada avance en una gesta fundacional. Porque una cosa es informar una obra pública, y otra muy distinta es envolverla en un relato tan grande que termina pareciendo propaganda de campaña.
Acá no se trata de negar el asfalto. Se trata de poner la frase en escala. Guaymallén no descubrió América, no cruzó los Andes ni levantó una ciudad nueva. Está trabajando sobre un acceso existente, con problemas reales, tránsito complicado y una comunicación oficial que parece correr más rápido que las máquinas.

El Carril Godoy Cruz entra perfecto en esta discusión. Hay obras y promesas que parecen eternas. Cambian los discursos pero algunos problemas siguen esperando final. Por eso el humor pega: no inventa una realidad, apenas la resume con menos vueltas.
Turismo cloacal y aventura sin salir del bache
La segunda tanda de carteles también tiene una línea más barrial. Allí aparece el Guaymallén que no entra en el cartel oficial, pero sí aparece en el recorrido diario del vecino. Calles rotas, olores persistentes, barro incluido y cráteres urbanos convertidos en paisaje municipal.



Estos carteles funcionan como una campaña turística del absurdo. No prometen montaña, bodegas ni aire puro. Prometen otra experiencia: circular por sectores donde el vecino maneja con más reflejos que planificación, esquiva pozos y aprende a reconocer olores sin consultar ningún expediente.
La sátira no necesita demasiada explicación. El que vive, trabaja o transita Guaymallén entiende rápido el chiste. Cuando una calle parece superficie lunar, el cartel solo traduce lo que la suspensión del auto ya venía denunciando.



El humor tiene una ventaja: permite decir cosas incómodas sin llenar todo de solemnidad. A veces una frase bien puesta comunica más que diez comunicados oficiales. Y en este caso, la cartelería satírica muestra algo simple: el vecino también tiene derecho a narrar el departamento que pisa todos los días.
Modernización en lápiz, papel y humo
Otro bloque de esta segunda entrega apunta a la modernización municipal. Durante meses, Guaymallén habló de sistemas, eficiencia, transformación digital y nuevas herramientas. Después llegaron el incendio del data center, la emergencia administrativa y la vuelta forzada a prácticas menos futuristas.

La gestión promete modernización, pero el vecino termina chocando con trámites demorados, sistemas caídos y respuestas que dependen más de la paciencia que de la tecnología.

La frase pega porque el incendio no fue una metáfora. Fue un hecho concreto que afectó el funcionamiento municipal. La sátira, en este caso, no inventa el problema. Solo le pone tipografía de cartel oficial.
Modernizar no es decir “modernización” muchas veces. Modernizar es que el sistema funcione cuando el vecino necesita pagar, consultar, reclamar o gestionar. Si el trámite vuelve al papel, el discurso digital pierde brillo. Y si la explicación siempre llega después del desastre, la confianza también empieza a quemarse.
La modernización no se mide por el cartel. Se mide cuando el vecino intenta hacer un trámite y obtiene respuesta.
Chatarra asegurada y data center en duda
Ecos Mendocinos viene trabajando el estado del parque automotor municipal, los vehículos deteriorados, los controles y las contradicciones en torno aseguros, GPS y unidades fuera de servicio.

El cartel cruza dos mundos difíciles de explicar. Por un lado, vehículos municipales que aparecen en expedientes, listados o controles con situaciones llamativas. Por otro, un data center cuya caída dejó al municipio en emergencia tecnológica y operativa.
No hace falta transformar cada cartel en una denuncia completa. Para eso están los documentos, las notas previas y las investigaciones. Pero una imagen satírica puede ordenar una contradicción en segundos. Ese es su valor: no reemplaza el dato, lo vuelve visible, compartible y difícil de ignorar.
En Guaymallén, la realidad viene ofreciendo demasiado material. Sistemas, seguros, expedientes, chatarra, obras demoradas y carteles impecables forman una postal que pide humor para no terminar en pura resignación.
Mordor con tasas municipales
La última parte de esta tanda funcionará como galería final. Los carteles más delirantes, esos que convierten a Guaymallén en un destino de aventura involuntaria.




La Municipalidad puede poner carteles oficiales con frases de futuro. Pero la gente también imagina carteles con barro, olor, pozos, sistemas caídos y obras que se venden como epopeyas.
La primera nota abrió el juego. Esta segunda confirma que había material de sobra. Y si siguen llegando frases, habrá una tercera tanda. Porque la realidad municipal, por ahora, parece tener más temporadas que una serie exitosa.
Por eso, Ecos Mendocinos vuelve a invitar a vecinos, trabajadores municipales y lectores a dejar sus propias frases en comentarios. Pueden ser sobre baches, cloacas, sueldos, sistemas, tasas, obras eternas, expedientes o cualquier postal reconocible.
Los mensajes más ingeniosos podrán integrar una próxima entrega. La única condición es que tengan humor, puntería y algo de esa verdad que molesta porque todos la entienden.
Guaymallén puede seguir hablando de futuro, transformación y obra histórica. Está en su derecho. Pero si Calvente presenta como “la mayor obra de los últimos 50 años” una ampliación sobre un acceso de 47 años, también hay derecho a reírse.
La propaganda puede ocupar postes, banquinas y laterales. Pero la realidad, tarde o temprano, encuentra dónde colgarse.
Y si al municipio le molesta, siempre queda una salida conocida.
Puede poner otro cartel.
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