Guaymallén: Calvente, el yoísmo y las pérdidas que pagan otros

22 agosto, 2026Opinión, Portada
Marcos Calvente y Melisa Villarroel durante una actividad vinculada a la gestión de Guaymallén IA

Las recientes declaraciones de Marcos Calvente muestran algo más que torpeza comunicacional. Revelan una forma de poder: el intendente habla de pérdidas, resistencias y recuperación como si el costo de sus decisiones siempre debiera pagarlo otro.El factor Villarroel, los comerciantes afectados, empleados municipales y millones perdidos exponen algo más profundo: quién termina pagando las consecuencias de sus decisiones.

Por Néstor Bethencourt

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El yoísmo de Marcos Calvente lleva años construyendo una imagen de ejecutivo moderno, empresario devenido político y dirigente con aspiraciones que exceden Guaymallén. Inauguraciones, viajes, foros y reuniones empresariales suelen encontrarlo perfectamente ubicado frente a las cámaras.

No sucede con igual frecuencia cuando aparecen reclamos graves o situaciones capaces de comprometer políticamente su administración. Allí aparece una primera expresión de su yoísmo: apropiarse de los éxitos mientras las responsabilidades encuentran caminos bastante más largos.

Hubo elogios sobre su ropa, zapatos de charol y hasta quienes encontraron simpático llamarlo “bomboncito”. Trabajadores municipales, en cambio, describen a un intendente distante, incluso poco afecto al saludo cotidiano dentro de las dependencias comunales.

En las últimas horas, Calvente volvió a encontrar un escenario amable en el colegio Murialdo, una institución privada de reconocido peso en la zona. La coincidencia parece escrita para esta editorial: apenas horas antes, sus alumnos habían protagonizado una competencia de “farmear aura”.

Mientras tanto, alumnos de la Escuela Buenos Vecinos 4-215 debieron grabar un video para reclamar algo bastante menos glamoroso: la limpieza de una acequia junto al establecimiento, con residuos, ramas y malezas acumuladas. El problema no es que un intendente visite una escuela privada. El contraste está en la facilidad para aparecer donde existe una escena favorable y la falta de una presencia equivalente cuando estudiantes de una escuela pública deben pedir una solución elemental.

Alumnos de la Escuela Buenos Vecinos 4-215 reclaman la limpieza de una acequia ubicada junto al establecimiento.

Pero sus últimas declaraciones muestran algo más importante: el yoísmo también parece alcanzar la manera de distribuir las consecuencias de sus decisiones.

El yoísmo de Calvente y el factor Villarroel

Ecos Mendocinos documentó contrataciones millonarias destinadas a pauta, publicidad y producción audiovisual, incluyendo trabajos de ARBOIT HD TV. Comunicar una gestión resulta necesario; otra cosa sucede cuando la comunicación institucional se confunde con la construcción permanente del funcionario que administra esos recursos.

Ecos Mendocinos también describió una administración concentrada en comunicar buenas noticias y una pauta generosa hacia medios de mirada extraordinariamente amable. Recibir publicidad estatal no convierte automáticamente a ningún periodista en dependiente, pero cuando consigue complacencia, aunque sea por monedas, deja de financiar información y comienza a financiar silencios.

Dentro de ese entorno aparece Melisa Villarroel, directora de Comunicación y Asuntos Institucionales, cuya cercanía funcional con Calvente está documentada. Testimonios municipales sostienen que su influencia excedería la comunicación formal y alcanzaría decisiones sobre exposición, movimientos y situaciones que conviene afrontar o evitar.

El yoísmo necesita espejos, y una conducción se desequilibra cuando el entorno devuelve permanentemente la imagen que el jefe quiere recibir.

También existe el accidente vial protagonizado por Villarroel el 30 de noviembre de 2023. El Fiat Mobi que conducía colisionó en Ciudad de Mendoza con una motocicleta donde viajaban dos mujeres policías. El Juzgado de Tránsito la sancionó inicialmente; luego la decisión fue apelada y el episodio derivó en una causa civil.

Allí Nación Seguros sostuvo que la póliza había sido dada de baja más de cuatro meses antes del accidente por falta de pago. Suspicazmente, no acompañó la póliza, no produjo pericia contable y presentó capturas cuya autenticidad no pudo verificarse. El tribunal rechazó entonces la posición de la aseguradora y tuvo por existente la cobertura. Nación Seguros es aseguradora del municipio.

No prueba un favor. Sí obliga a preguntarse por qué una situación semejante terminó resolviéndose favorablemente para una funcionaria ubicada tan cerca del poder.

Calvente y los comercios: “hay algunas que no van a resistir”

Durante una entrevista reciente con el canal de streaming BARDO, Calvente habló sobre comercios perjudicados por obras municipales prolongadas. “Esas pérdidas que se generan en doce meses se recuperan en dos o en tres meses porque toma otra dinámica”, sostuvo inmutable.

Pero las ventas perdidas durante un año no esperan acumuladas hasta retirar las vallas. Doce meses de ventas perdidas no quedan en una cuenta pendiente. El pan que no vendió esa panadería lo vendió otra, y ese consumo ya ocurrió.

Cuando termine la obra, nadie comprará dos desayunos, dos almuerzos o veinte kilos adicionales de pan para compensar aquello perdido. Una calle renovada puede mejorar el movimiento futuro, pero no resucita automáticamente la facturación desaparecida durante doce meses.

Calvente explicó también que algunos comerciantes reciben exenciones de tasas y aforos municipales. Es una ayuda concreta, aunque alquileres, salarios, mercadería, servicios, proveedores, tarjetas e impuestos nacionales y provinciales continúan llegando cada mes.

Un negocio no vive de ahorrarse una tasa municipal. Vive de vender.

La frase más importante llegó después. Calvente habló del beneficio colectivo y de miles de familias, “sabiendo que hay algunas que no van a resistir”. Una obra puede perseguir legítimamente el bien común; otra cosa es naturalizar que determinados comerciantes puedan desaparecer durante el camino.

Ahí el yoísmo cambia de dimensión. Ya no significa solamente “yo tengo que estar en todos lados”, sino algo más profundo: “yo también puedo decidir qué sacrificio ajeno resulta razonable”.

Empleados municipales e incendio: quién termina resistiendo

La misma lógica alcanza a numerosos trabajadores municipales. Muchos atraviesan salarios deteriorados mientras dentro de la estructura existen ítems y adicionales que generan diferencias importantes entre “sectores elegidos”.

Ecos Mendocinos lleva años registrando denuncias, presiones, descuentos, traslados y conflictos entre empleados municipales. Para el comerciante hay que resistir hasta terminar la obra; para el empleado municipal, con el salario que recibe. En ambos casos, el esfuerzo parece exigirse hacia abajo.

El contraste más brutal apareció el 14 de abril, cuando se incendió el corazón informático de la Municipalidad. Ignacio Conte estimó en más de siete millones de dólares la infraestructura destruida, mientras quedaron interrogantes sobre seguros, patrimonio perdido y responsabilidades.

Más de cuatro meses después, Guaymallén todavía desconoce públicamente el inventario definitivo de pérdidas, la cobertura de seguros y las responsabilidades derivadas del incendio. El fuego ocurrió cuando la política informática municipal ya estaba severamente cuestionada y Gen Nómade acumulaba problemas y advertencias internas.

Posteriormente, Ecos Mendocinos publicó documentación que permitió sostener que Calvente había mentido sobre aspectos centrales de aquella crisis. La comparación resulta difícil de esquivar: al comerciante se le explica que quizá no resista; al trabajador se le exige adaptarse; arriba, millones perdidos no produjeron consecuencias políticas equivalentes.

Ignacio Conte continúa apareciendo alrededor de futuros proyectos políticos y con gente de Iglesias. Su padre, Gabriel Conte, posee una extensa trayectoria mediática, un dato relevante cuando política, proyección personal y una pauta oficial millonaria todavía necesitada de transparencia terminan compartiendo demasiados espacios.

CPROMEC, EMESA y la proyección política de Calvente

Calvente tampoco limita su horizonte al departamento. En septiembre de 2025 reconoció públicamente que trabajaba para convertirse en gobernador de Mendoza.

Actualmente ejerce la intendencia, preside CPROMEC, el Clúster de Proveedores para la Minería y la Energía de Cuyo, y Ecos documentó su condición de director de EMESA.

Relacionarse con sectores productivos puede beneficiar a Guaymallén. La pregunta aparece cuando esas funciones consumen tiempo y también construyen relaciones valiosas para el futuro personal del intendente.

¿Utiliza esos espacios para proyectar Guaymallén o utiliza Guaymallén como plataforma para proyectarse él?

Antes de cualquier Gobernación, directorio o destino futuro, deberá defender su propia gestión frente a los vecinos. Trabajo, Casa de Gobierno y una Justicia profundamente devaluada también deberían explicar sus silencios ante numerosos episodios denunciados. Ninguna responsabilidad externa modifica la principal: el intendente sigue siendo Marcos Calvente.

El yoísmo de Calvente como forma de ejercer el poder

Reducir el yoísmo de Calvente a su necesidad de protagonismo sería quedarse con la parte menos importante. La cuestión central aparece cuando las decisiones se toman arriba y los costos concretos terminan cayendo sobre otros.

El comerciante puede perder meses de ventas, el empleado debe acomodarse al salario disponible y los vecinos siguen esperando respuestas sobre millones destruidos dentro del municipio. Mientras tanto, arriba continúan carreras políticas, cargos y proyectos personales.

Una obra puede perseguir legítimamente el bien común, pero ese futuro no convierte en descartable a quien pierde su presente. El yoísmo deja entonces de ser solamente protagonismo y empieza a parecerse a una manera de entender el poder: decidir desde arriba y naturalizar que otros absorberán el costo.

El problema del yoísmo no comienza cuando un intendente quiere estar en todas partes. Comienza cuando también cree tener la facultad de decidir quién puede perder, quién debe esperar y quién tendrá que resistir.

Y en el Guaymallén de Marcos Calvente, resistir parece ser casi siempre problema de otro.


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