Calvente en Guaymallén: el problema de gobernar sólo con buenas noticias

Un día después de conocerse la caída de cielorrasos en una escuela, Marcos Calvente mostró obras y “más seguridad” en otras. La coincidencia reabre una discusión que Ecos Mendocinos viene documentando desde antes del incendio municipal de abril.
Por Néstor Bethencourt
El problema de Marcos Calvente en Guaymallén no consiste en comunicar una vereda, una luminaria o cualquier obra municipal terminada. El problema aparece cuando la buena noticia parece convertirse en refugio cada vez que la realidad ofrece una imagen incómoda. Este viernes 7 de agosto, esa lógica volvió a quedar expuesta con una precisión política difícil de ignorar.
Calvente en Guaymallén: de un techo caído a “más seguridad”
El jueves 6, El Sol informó sobre el desprendimiento del cielorraso en la Escuela Técnica San José 4-118. El episodio había ocurrido durante la noche anterior y afectó dos aulas del establecimiento ubicado en calle Uruguay. No hubo heridos, pero la DGE suspendió actividades presenciales en esos espacios mientras realizaba un relevamiento integral. Los Andes también informó que Infraestructura Escolar consideró el desprendimiento un hecho imprevisto.
Un día después, Calvente y la Municipalidad difundieron un reel titulado “Más seguridad y mejor entorno para las escuelas de Belgrano”. Allí, el intendente muestra intervenciones alrededor de las escuelas José E. Chahla y Tiburcio Pérez Larrañaga, ubicadas en otro sector. La propia Municipalidad había detallado esas obras el 24 de julio, incluyendo nuevas veredas, rampas, accesos, demarcación y mejoras del entorno.
La publicación municipal corresponde a obras en las escuelas 4-175 Eduardo Jorge Chahla y 1-728 Pérez Larrañaga, en Belgrano. No se trata del establecimiento donde se desprendieron los cielorrasos. El sector escolar mostrado por Calvente está a unos 3,1 kilómetros en línea recta de la Técnica San José.
La cercanía geográfica no vincula ambos hechos, pero vuelve todavía más visible el contraste comunicacional entre las dos escenas. Una escuela acababa de ser noticia por un problema edilicio; al día siguiente, Calvente mostraba otro entorno escolar renovado.
Cuando la realidad no ofrece la foto esperada
Nadie puede demostrar que aquel reel fue producido específicamente como respuesta a la noticia conocida durante la jornada anterior. Tampoco hace falta demostrarlo para analizar una secuencia pública y una manera recurrente de construir el relato gubernamental.
En política también se gobierna mediante prioridades, silencios, explicaciones y decisiones acerca de aquello que una administración decide mostrar. Cuando una noticia negativa ocupa la escena, existen dos caminos compatibles: comunicar logros y también enfrentar públicamente aquello que salió mal.
Sobre Marcos Calvente en Guaymallén, sin embargo, Ecos Mendocinos viene observando desde hace meses una marcada inclinación hacia el primer camino. Cuanto más incómoda resulta la realidad, mayor protagonismo adquieren las inauguraciones, anuncios, obras, recorridas y postales de eficiencia.
El episodio escolar no crea esa discusión; apenas vuelve a colocarla frente a los ojos.
Abril ya había dejado un antecedente difícil de ignorar
La semana anterior al incendio municipal ofrece un antecedente especialmente significativo sobre esa relación entre problemas reales y construcción comunicacional.
El 7 de abril, Ecos Mendocinos cuestionó gastos millonarios mientras empleados municipales continuaban reclamando explicaciones sobre sus bonos salariales. El 8 de abril apareció otro escándalo: trabajadores debían habilitar la geolocalización de sus celulares para consultar información salarial.
El 9 de abril, Ecos Mendocinos planteó directamente si la acumulación de crisis justificaba discutir la continuidad política de Marcos Calvente. Aquella publicación enumeró sistemas colapsados, cloacas, socavones, compras cuestionadas, problemas salariales y ausencia de respuestas institucionales suficientes.
El 13 de abril llegaron otras dos publicaciones sobre el uso comercial proyectado para el helipunto del Hospital Notti y el expediente municipal que respaldaba aquella iniciativa.
El 14 de abril se incendió el Data Center municipal, precisamente cuando la crisis informática ya ocupaba buena parte del debate. El siniestro destruyó infraestructura tecnológica y derivó en una emergencia administrativa, tecnológica y operativa reconocida oficialmente.
La secuencia no demuestra ni sugiere cuál fue el origen del incendio, porque esa no es la cuestión planteada aquí. Su importancia política reside en otra cosa: una emergencia extraordinaria desplazó repentinamente una agenda que llevaba varios días golpeando al Ejecutivo.
Ecos Mendocinos lo escribió inmediatamente después: el fuego no podía borrar aquello que ya estaba documentado.
Gobernar también significa explicar lo que sale mal
Ecos Mendocinos no necesita entrar en la psicología privada de Calvente para formular una crítica política mucho más seria. Los hechos permiten discutir una forma de liderazgo demasiado dependiente de controlar la imagen pública de su propia gestión.
Comunicar buenas noticias resulta legítimo, necesario y hasta obligatorio cuando existen obras que merecen ser conocidas por los vecinos.
El problema comienza cuando ese mecanismo termina pareciendo incapaz de convivir con preguntas, fracasos, accidentes o responsabilidades políticamente incómodas.
Por eso, la discusión ya no pasa por determinar si una vereda merece un reel institucional. La pregunta es mucho mayor: ¿alcanza con administrar buenas noticias para gobernar un municipio atravesado por problemas que no entran en ninguna foto?
Guaymallén necesita obras, pero también necesita autoridades capaces de permanecer frente a la realidad cuando esa realidad resulta desagradable.
Un intendente se conoce tanto por aquello que inaugura como por las crisis que decide mirar de frente.
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