Guaymallén: Calvente prepara otro enroque para que nada cambie y todo empeore

Marcos Calvente prepara el tercer recambio de funcionarios en apenas tres años de gestión, pero cambiar nombres ya no representa renovación. Cada movimiento parece destinado a esconder fracasos, trasladar cuestionados y conservar intacta la estructura responsable del desorden municipal.
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No existe una nueva gestión esperando su oportunidad, sino un eterno enroque para que nadie pierda poder, protección o salario. Los funcionarios cambian de oficina, las direcciones modifican sus nombres y las responsabilidades desaparecen debajo de nuevos organigramas.
Calvente ingresó al Ejecutivo con un equipo elegido personalmente, aunque buena parte todavía respondía a Marcelino Iglesias. Esa herencia tampoco fue una imposición inevitable, porque había ocupado la Secretaría de Obras y conocía perfectamente el funcionamiento municipal.
Al año siguiente presentó una renovación parcial, prometiendo corregir aquello que ya mostraba señales preocupantes. El resultado fue exactamente contrario: Calvente reemplazó funcionarios malos por otros peores y convirtió el reciclaje en política institucional.
Ahora prepara otra repartija mientras Guaymallén acumula servicios deteriorados, vehículos destruidos y empleados municipales empobrecidos. El archivo sobre la continuidad entre Iglesias y Calvente demuestra que los cambios nunca modificaron verdaderamente las prácticas.
Pedro Adi y la falsa sanción municipal
Pedro Martín Adi representa perfectamente el método utilizado por Calvente para administrar sus propias crisis internas. Llegó desde otros sectores públicos y cargaba antecedentes suficientes para exigir prudencia antes de entregarle responsabilidades importantes.
Durante su conducción en la Playa de Secuestros aparecieron faltantes, vehículos dañados, deficiencias estructurales y denuncias internas permanentes. Mientras desaparecían motos y caían paredes sobre propiedades vecinas, Adi mantenía una relación sentimental con una compañera.
Ambos utilizaban una oficina municipal para encuentros íntimos mientras aquella dependencia se desmoronaba alrededor. La mujer tampoco habría atravesado aquella relación en condiciones saludables, según testimonios conocidos dentro de la estructura municipal.
Después de las publicaciones periodísticas, el Ejecutivo aplicó una de sus sanciones favoritas: esconder al funcionario cuestionado. Primero enviaron a Adi hacia Licencias de Conducir, donde quedó aislado y sin responsabilidades demasiado visibles.
Posteriormente llegó su traslado hacia la Dirección de Obras por Administración, otro destino presentado internamente como supuesto castigo. Adi continúa actualmente allí, junto con Daniel Morales, sin que pueda reconocerse claramente qué tareas desarrolla dentro del área.
La palabra sanción resulta casi cómica, porque conservó trabajo, salario y protección, aunque cambió el escenario de sus cuestionamientos. El archivo sobre la Playa de Secuestros y las grúas municipales reúne quince publicaciones relacionadas con ese descontrol.
Obras por Administración, el agujero negro municipal
La Dirección de Obras por Administración no representa cualquier destino dentro del organigrama conducido por Calvente. Es uno de los grandes agujeros negros municipales, donde materiales, recursos, contratos y responsabilidades suelen perderse entre oficinas.
La conducción pertenece a Daniel Morales, antiguo ladero del “Nene” Carrizo y posteriormente ascendido al cargo de director. Por encima aparece Ramiro García, actual secretario de Obras y sucesor de Calvente dentro de aquella estructura estratégica.
Su mano derecha es Juan Carlos Savina, contratado municipal, colaborador permanente y suegro del propio secretario García. Ambos tienen otros familiares trabajando dentro de una Municipalidad que castiga salarios, pero encuentra lugares para determinados apellidos.
Estos casos tampoco representan excepciones, porque cada vez aparecen más familias enteras incorporadas mediante contratos, cargos y jefaturas. Los casos relacionados con Ignacio Conte, Mariana Echevarrieta, Silvia Donati, Joaquín Fernandez y otras familias ya fueron señalados anteriormente por Ecos Mendocinos.
Mientras algunas familias multiplican lugares, los empleados históricos pierden ingresos y continúan esperando reconocimientos laborales elementales. La austeridad parece funcionar solamente para quienes trabajan abajo y carecen de padrinos dentro del Ejecutivo.
Enviar a Adi hacia esa dependencia no solucionó ninguna irregularidad, sino que agregó otro cuestionado dentro de una estructura oscura. Así funciona el enroque de Calvente: los denunciados nunca salen verdaderamente del sistema, solamente cambian de oficina.
Artuso, el pelele que nunca condujo Parque Automotor
También estarían contadas las horas de Miguel Artuso como subdirector del Parque Automotor, después de una gestión completamente desbordada. Artuso, hombre cercano a Ramiro García, nunca consiguió ocupar verdaderamente el lugar político y operativo que recibió.
Terminó convertido en un pelele con cargo, pero sin autoridad, iniciativa ni capacidad para controlar su propia dependencia. Los empleados le señalaron problemas y responsables, pero el funcionario prefirió mirar permanentemente hacia otro lado.
Artuso terminó apoyándose en Mauricio Cappa, mientras alrededor crecieron vivillos y parásitos sin cargo formal que igualmente ordenan y administran recursos. En ese círculo también aparece Yerden, un personaje nefasto que habría convertido necesidades municipales en oportunidades personales.
Yerdén, durante su condición de funcionario habría vendido repuestos al Municipio mediante una firma vinculada con su esposa. Actualmente aparece relacionado con un local sobre calle Vargas al 300, frente al supermercado Vea.

Actualmente, Yerden aparece relacionado con Raynam Motorworks, un local ubicado sobre calle Vargas al 300, frente al supermercado Vea. El comercio tendría poca actividad visible hacia el público, pero habría encontrado una llamativa especialización para colocar ventas dentro del Municipio.
Yerden también dispone permanentemente de un Chevrolet Corsa municipal, utilizado durante todo el día para actividades laborales y personales. Artuso recorría distintos lugares junto a él dentro de ese vehículo desvencijado perteneciente a todos los contribuyentes.
El resultado puede comprobarse dentro del archivo de 37 investigaciones sobre Parque Automotor. Allí aparecen reparaciones cuestionadas, vehículos fantasmas, camiones desarmados, seguros inútiles y GPS pagados sobre unidades convertidas en chatarra.
No estamos frente a errores aislados, porque Parque Automotor funciona como una zona liberada donde cada grupo administra su negocio. Cuando el descontrol resultó inocultable, Artuso recurrió a Javier González y Octavio Bordón, dos personajes conocidos dentro de esa estructura.
Ambos demostraron una llamativa capacidad para hacer aparecer y desaparecer camiones según las necesidades administrativas. Artuso llegó a reconocer que Parque Automotor estaba fuera de control, pero ni siquiera entonces consiguió reaccionar.
Servicios abandonados y negocios que avanzan
En Espacios Verdes, el apellido Ormeño aparece repetidamente detrás de las controversias que atraviesan el área. Ocupa una jefatura y fue mencionado en un sumario por utilizar maquinaria pública dentro de terrenos privados.
Cada problema importante parece encontrarlo cerca, aunque las consecuencias nunca alcanzan la velocidad de los cuestionamientos. Así funciona otra parte del Municipio: los directivos exhiben el cargo mientras cada grupo conserva celosamente su propio kiosco.
En Servicios Públicos, Mauricio Rufino ocupa actualmente el cargo de subdirector, aunque no llegó por preparación técnica ni capacidad organizativa. Su lugar responde a la protección política de Fabricio Lucero, presidente del Concejo Deliberante y excuñado de Calvente.
Los trabajadores describen a Rufino como un hombre dedicado a patotear compañeros y sostener obediencias mediante el maltrato. Lucero había conducido el área durante la gestión de Iglesias, pero cruzó al Concejo y dejó allí a su protegido.
Hoy Servicios Públicos concentra trabajadores perseguidos, salarios miserables, vehículos deteriorados y recursos insuficientes para mantener limpia la ciudad. En ese escenario, Calvente analiza ampliar las zonas entregadas a Santa Elena para limpieza, barrido y mantenimiento de cunetas.
La empresa ya presta diferentes servicios municipales y sus relaciones políticas despiertan preguntas dentro de numerosos municipios. Ampliar su participación significaría mayor gasto privado mientras la estructura municipal propia continúa siendo vaciada y abandonada.
Primero destruyen los recursos públicos y después presentan la contratación privada como única respuesta frente al deterioro provocado. El parque automotor diezmado termina funcionando como argumento perfecto para justificar nuevos servicios tercerizados.
El falso achique y la caja política municipal
Calvente asegura que redujo funcionarios y achicó la planta municipal, aunque la afirmación resulta engañosa y oportunista. Eliminó algunas direcciones, pero creó coordinaciones con funciones similares y remuneraciones apenas inferiores a los cargos anteriores.
En su discurso oficial de apertura de sesiones de 2025, anunció la eliminación de setenta cargos políticos. Sin embargo, el supuesto achique convive con nuevas coordinaciones, familiares incorporados y contratados cuya tarea resulta imposible de reconocer.
También permanecen personas que podrían jubilarse, aunque algunas ni siquiera cumplen funciones conocidas dentro de sus dependencias. Existen contratos cercanos a 1.500.000 pesos mensuales para personajes cuya utilidad municipal resulta imposible de encontrar.
El discurso de austeridad sirve para castigar salarios, demorar reconocimientos y descargar nuevas tareas sobre los trabajadores. Cuando aparecen familiares, operadores o amigos del poder, la motosierra municipal pierde inmediatamente todos sus dientes.
En Desarrollo Social, Silvia Donati dejó el Ejecutivo para convertirse en concejal, pero conserva personas que todavía le responden. Durante años, esa dependencia funcionó como una caja política destinada a sostener punteros, estructuras territoriales y futuras campañas electorales.
Esperanza del Carmen Farías llegó desde el Gobierno provincial con la supuesta misión de ordenar semejante desmanejo. Sin embargo, la reciente rendición del fondo destinado a personas en situación de calle mostró compras costosas y beneficiarios sin identificar.
Cambió la responsable del área, pero la maquinaria política continuó funcionando con controles deficientes y rendiciones difíciles de explicar. Desarrollo Social sigue siendo demasiado importante para el oficialismo porque allí se administran necesidades, ayudas y relaciones territoriales.
El problema sigue siendo Calvente
Todo forma un mismo combo, donde cambian nombres, trasladan cuestionados, protegen familiares y castigan a quienes cuentan lo ocurrido. Eso ya no parece solamente desorganización, sino una enorme joda municipal sostenida con cargos, silencios y dinero público.
Lo peor continúa siendo Calvente, porque todos esos funcionarios fueron heredados, elegidos, mantenidos, trasladados o protegidos durante su gestión.
La comparación con Luis Lobos incluso comienza a quedarle cómoda, porque la gestión actual funciona peor y todavía puede profundizar su degradación. Calvente recibió un municipio con problemas conocidos, prometió corregirlos y terminó incorporando sus propios impresentables.
El próximo gabinete no será una renovación mientras sobrevivan los mismos negocios, parentescos, patotas y refugios administrativos. Será otro movimiento de figuritas dentro de una cloaca administrativa desbordada que Calvente prometió limpiar y terminó ampliando.
Guaymallén ya está avisado, porque lo que resta del mandato puede resultar todavía peor que todo lo conocido. Calvente no está corrigiendo su gestión, sino buscando nuevos nombres capaces de sostenerla sin discutir aquello que ocurre adentro.
Ecos Mendocinos documentó este proceso durante años y no necesita comenzar nuevamente cada historia. El gran archivo de investigaciones sobre Guaymallén reúne más de quinientas publicaciones ordenadas por protagonistas, expedientes y temas.
Allí pueden consultarse contrataciones, denuncias, respuestas oficiales y continuidades entre los gobiernos de Iglesias y Calvente. No faltan antecedentes: sobran demostraciones de que cada enroque protegió funcionarios mientras Guaymallén continuaba deteriorándose.
Pero si el Ramiro García es el cuñado de Morales que asu vez es el cuñado de Luis manzano que a su vez la secretaria de Morales es su secretaria y el Sabina es suegro de Ramiro, queda todo en la familia. No les da más la cara de dura. No olviden que la secretaria de Morales que a su vez es la hermana de la esposa, por la tanto es la cuñada, también es niñera de los hijos de todos ellos que NO va a trabajar cuando los tiene que cuidar, que a su vez usa la movilidad oficial para traslados particulares. Todo esto paso CON LA GUITA DE TODOS LOS CONTRIBUYENTES.