Guaymallén: Calvente se pasó de la raya y quiere lejos a su “Forrest Gump”

20 mayo, 2026Política, Portada
Notificación de Guaymallén para demoler una construcción clandestina en Los Corralitos

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Un mes después del incendio, el municipio sigue sin orden y con más margen para el vale todo

Pasó un mes del incendio en el área de Sistemas y, lejos de aparecer una reconstrucción seria, lo que quedó a la vista en Guaymallén fue algo bastante más peligroso: un municipio con menos memoria, menos control y más margen para que todo se justifique con la misma fórmula gastada.

La explicación se repite con una naturalidad alarmante: hablan de falta de archivo, de expedientes borrosos, de trazabilidad perdida y de sistemas que todavía no recuperan confiabilidad. Sin embargo, decisiones sí hay. Reacomodos también. Operativos, además, sobran cuando el blanco correcto es el más débil.

Ese debería ser el dato político de este “cumplemes” del incendio. No solamente lo que se quemó, sino lo que nació después. Porque cuando una administración pierde archivo, expedientes y respaldo técnico, pero sigue moviendo nombres, firmando cosas y habilitando con discrecionalidad, el resultado no es una emergencia. El resultado es un municipio donde vale todo. Y en Guaymallén ese vale todo ya no aparece como excepción. Aparece como método.

Cuatro días antes del incendio, Ecos Mendocinos ya había planteado el cuadro real que Marcos Calvente debía dar un paso al costado. Un mes después, el intendente sigue, el municipio no recuperó normalidad y la ausencia de documentación accesible se convirtió en una coartada funcional para demasiadas cosas. El incendio pasó. El sistema que necesitaba ese incendio, o al menos su consecuencia política, sigue intacto.

El municipio no puede ordenar su propia casa, pero sí encuentra energía para caerles encima a los más débiles

La escena más obscena del presente municipal no está en una oficina. Está en la calle. Mientras Guaymallén sigue sin poder explicar qué pasó con buena parte de sus expedientes, cómo piensa recuperar su memoria operativa y por qué todavía ni el empleado común puede acceder con normalidad a los sistemas, el municipio sí conserva fuerza para desplegar operativos contra vendedores ambulantes, patear panes y hasta llevarse detenidas a personas que apenas intentan rebuscársela.

Esa imagen dice más que cualquier comunicado. Porque no falta autoridad. Falta decencia para usarla. No pueden ordenar su propio archivo, no pueden mostrar control interno, no pueden despejar el caos que dejó el incendio, pero sí pueden exhibir dureza contra el último eslabón de la cadena. Esa es la moral de esta gestión. Blandura con el desastre propio. Severidad con el más débil.

Ahí aparece el verdadero retrato de Guaymallén después del incendio. Un municipio que perdió papeles, sistemas y credibilidad, pero no perdió vocación para disciplinar a quienes menos tienen. Y cuando esa fuerza se ejerce hacia abajo, mientras hacia arriba todo sigue licuado entre reacomodos, vacaciones y zonas grises, el problema deja de ser solo administrativo. Se vuelve moral.

Conte mueve nombres, Adi rebota, Nieva Dinerstein sigue y el desastre no cambia de dueño

Ni siquiera la semana en la que Calvente estuvo fuera del municipio cambió el cuadro de fondo. Lo que siguió fue más parecido a una administración del caos que a una corrección real. Los cambios ejecutados por Ignacio Conte no resolvieron nada esencial. Apenas movieron piezas. Y algunas de esas piezas ya son demasiado conocidas.

Pedro Martín Adi, el excuñado de Dagostino, volvió a ser cambiado de lugar como si el problema fuera siempre la oficina que ocupa y nunca su permanencia en la estructura municipal. Después de haber sido subdirector de Tránsito y de haber recalado en Licencias de Conducir con el mismo cargo pero sin función clara, terminó en la Dirección de Obras por Administración, un área demasiado sensible como para tomar ese movimiento como una simple reubicación burocrática. Sobre esa dirección pesan sombras viejas, versiones sobre acopio de materiales, denuncias fuertes y hasta la sospecha de material fílmico borrado, en un contexto donde cualquier audiencia de control serio se volvería incómoda muy rápido.

En paralelo, Lorenzo Nieva Dinerstein, director de Desarrollo Económico, Comercial e Industrial, sigue quedando en evidencia como uno de los nombres que mejor retratan la lógica del municipio. Entre el grupo de corredores con los que le gusta compartir, lo apodan por lo bajo “Forrest Gump”, en referencia a sus maratones y, según dicen, a la costumbre de no terminar varios de esos desafíos. La ironía interna no es casual. Tampoco parece terminar nunca el desafío de verlo al frente de su propia dirección con el peso que el cargo exige. Mientras tanto, el caos en Comercio sigue, con coberturas cruzadas, zonas liberadas y operativos que muestran músculo contra los ambulantes, pero no orden contra el desmadre propio.

Sin archivo, con habilitaciones flojas y más margen para la discrecionalidad

Lo más delicado no es solo quién ocupa cada silla. Lo más delicado es el clima que dejó el incendio. En demasiadas áreas ya se instaló el “no tenemos archivo” como frase comodín. Y en Guaymallén esa frase no suena a sinceridad. Suena a oportunidad. Porque cuando no hay respaldo documental visible, o no se quiere mostrar lo que hay, se abre un terreno perfecto para decisiones opacas, habilitaciones provisorias sin soporte técnico serio y más discrecionalidad envuelta en humo.

Notificación municipal de Guaymallén que intima a demoler una construcción clandestina en Los Corralitos
Notificación municipal de Guaymallén que intima a demoler una construcción clandestina en Los Corralitos

Algo muy curioso, y a la vez muy revelador, sucede en estas horas. Existe documentación municipal que intima a demoler una construcción clandestina levantada invadiendo la vía pública en Los Corralitos, con plazo perentorio y firma técnica. Sin embargo, mientras Obras ya había avanzado sobre esa irregularidad, desde Comercio se intenta otorgar habilitación comercial al mismo lugar. Así como se lee. Un área intima a demoler y otra pretende habilitar. En un municipio serio, eso sería un escándalo administrativo inmediato. En Guaymallén, en cambio, parece parte del paisaje.

Cuando situaciones así quedan expuestas, tampoco aparecen explicaciones de fondo. Aparecen comentaristas de ocasión.

Gente más dispuesta a hostigar al medio que a explicar qué pasó con las actas, con las intimaciones o con los expedientes. Esa también es una postal del municipio actual: cuando no pueden responder sobre el contenido, intentan correr el eje contra quien lo publica..

Cuando no explican, embarran. Los voceros oficiales de la nada

Ese vale todo, además, no se limita a la interna administrativa. También aparece cuando la gestión, en vez de explicar, parece activar defensores de ocasión para hostigar a este medio. En los últimos días, Jorge García eligió atacar con soberbia y vehemencia a Ecos Mendocinos por una denuncia documentada que incluía fotos y el acta correspondiente. Antes fue Facundo Coria. Ahora aparece Javier García. Cambian los nombres, pero la lógica parece idéntica: no responder sobre el fondo, no explicar qué pasó con el procedimiento, no aclarar el expediente, sino embarrar, hostigar y correr el eje.

Y esa también es una postal del municipio actual. Ni gestión, ni archivo, ni explicaciones. Pero para ensuciar al que publica, siempre aparece alguien. Mientras tanto, Pablo Raddi está de vacaciones en Europa, otro destino demasiado transitado por funcionarios del Ejecutivo en tiempos recientes, mientras abajo todo sigue en modo parche, acomodo y negación.

El incendio pasó, pero el sistema que lo necesitaba sigue respirando

A un mes del incendio, lo que volvió en Guaymallén no fue el orden. Volvió el método. Siguen faltando expedientes, no vuelve la normalidad de los sistemas, los empleados continúan sin herramientas reales y todavía hay áreas donde se habilita sin archivo claro. A eso se suman funcionarios que rebotan, pero no caen, operativos contra los más débiles y un Ejecutivo que sigue administrando fotos, relatos y daños, pero no soluciones.

Por eso esta nota no es solo sobre Pedro Martín Adi, ni solo sobre Nieva Dinerstein, ni solo sobre Conte. Es sobre un municipio donde, a un mes del incendio, el problema ya no puede explicarse por la emergencia. El problema es que la emergencia se volvió excusa, cobertura y respirador político.

Si después de perder sistemas, memoria y control lo único que aparece son más corrimientos, más acomodos y más frases del tipo “no tenemos archivo”, entonces la conclusión ya no admite maquillaje. En Guaymallén, a un mes del incendio, no volvió la normalidad. Volvió el vale todo.

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