Guaymallén declaró la emergencia tras el incendio, pero el fuego no puede borrar lo que ya estaba escrito

15 abril, 2026Política, Portada
Municipalidad de Guaymallén tras el incendio en el sector de Sistemas

Por Néstor Bethencourt


El comunicado municipal posterior al incendio intenta ordenar el relato, pero termina admitiendo una crisis que Ecos Mendocinos venía documentando desde hace meses. Emergencia tecnológica en Guaymallén, suspensión de trámites y pagos, vuelta al papel, contrataciones directas y un sector que, según Ignacio Conte, valía 7 millones de dólares: demasiado daño, demasiadas fallas y demasiadas preguntas para fingir que todo empezó con el fuego.

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El incendio no creó la crisis, la dejó imposible de negar

Después del incendio en el edificio municipal, Guaymallén reconoció afectación sobre la infraestructura informática y los sistemas de datos, decretó la emergencia administrativa, tecnológica y operativa, suspendió trámites y pagos municipales, volvió al expediente en papel y habilitó contrataciones directas por urgencia. Ese paquete de medidas no corresponde a una contingencia menor. Corresponde a una administración golpeada en el corazón de su operatoria.

Lo que el municipio presenta ahora como respuesta a una emergencia no puede leerse en el vacío. Ecos Mendocinos ya había publicado el colapso en Rentas, el regreso al sistema viejo, la fragilidad de la modernización y, más tarde, el informe firmado por el director de Innovación y Atención al Vecino, Diego Lazzaro, sobre sistemas, donde se advertía falta de capacidad técnica, riesgo de apagón de datos y pérdida de control sobre información sensible. El incendio no inventó esos antecedentes. Les dio un escenario perfecto para que nadie pueda mirar para otro lado.

“Llevar tranquilidad” mientras suspenden pagos, trámites y vuelven al papel

Comunicado de Guaymallén decretando la emergencia administrativa, tecnológica y operativa tras el incendio

El comunicado oficial intenta tranquilizar. Dice que los servicios esenciales siguen activos y que el daño no fue mayor. Pero al mismo tiempo reconoce algo mucho más serio: no se pueden hacer pagos ni trámites digitales, el municipio debe volver al papel y necesita contrataciones directas para tratar de recomponer lo perdido. Ese doble discurso ya no se puede disimular. El tono quiere serenidad; las medidas describen parálisis.

Ese contraste importa porque Ecos Mendocinos venía marcando exactamente eso: una gestión más preocupada por sostener la estética de la modernización que por admitir el deterioro real de su estructura tecnológica. Lo que antes se intentó encapsular como “mantenimiento”, “acomodamiento” o dificultad transitoria hoy quedó reconocido por decreto como una emergencia operativa. No es que el periodismo exageró. Es que la realidad terminó empujando al municipio a decir lo que antes no quería decir con un incendio más que oportuno.

Y hubo otra señal imposible de maquillar. Al cierre de esta edición, durante la tarde del 14 de abril y luego de publicado el comunicado oficial, la página web del municipio salió de servicio. Al menos 16 horas después del incendio, la gestión todavía no podía sostener en pie ni su propia vidriera digital. Decían llevar tranquilidad, pero la realidad seguía cayéndose a la vista de cualquiera.

El sector más avanzado, el más caro y, aun así, sin resguardo suficiente

Acá aparece una de las preguntas más venenosas de todo el caso. Según Ignacio Conte, el área afectada era el data center, supuestamente el sector más avanzado del municipio, y el valor de lo perdido rondaría los 7 millones de dólares. Si eso es cierto, la discusión cambia de nivel. Porque entonces no se incendió un rincón cualquiera ni un espacio secundario. Se incendió el núcleo más caro, más sensible y más estratégico del esquema tecnológico municipal.

Y si ese era el sector más valioso, más nuevo y más importante, la falta de resguardo resulta todavía más grave. No solo por el fuego. También por la prevención, por el monitoreo, por los respaldos y por la protección real de un área que el propio municipio describe como crítica. Cuanto más valioso era ese núcleo, más difícil se vuelve aceptar que quedó tan expuesto. Y cuanto más central era para la operatoria, más pesada se vuelve la sospecha sobre cómo fue cuidado antes del incendio y cómo está siendo contado después.

Esa sospecha no nace de la nada. Nace de un historial previo de contrataciones, superposiciones y decisiones difíciles de justificar en el universo de sistemas. Y ahí vuelve a aparecer Ignacio Conte, hoy voz explicativa del incendio, pero también figura política vinculada a algunas de las contrataciones más polémicas de los últimos años.

Rentas y sus derivaciones: el municipio miente por omisión

Hay otro punto donde Guaymallén vuelve a mentir por omisión. El comunicado presenta como “temporalmente suspendidos” sectores y trámites vinculados a Rentas y sus derivaciones, pero según lo que Ecos Mendocinos ya venía publicando, buena parte de esa operatoria nunca recuperó normalidad después de la salida del proveedor anterior, InfoGov, el 31 de marzo.

Es decir, el incendio no habría dejado fuera de juego un sistema sano, sino que cayó sobre áreas que ya venían funcionando con parches, caídas, retornos forzados al esquema viejo y una precariedad operativa documentada mucho antes de que apareciera el fuego.

Traducido: el incendio no paralizó un sistema robusto. Encontró un sistema ya herido, ya parchado y ya incapaz de sostener el relato oficial de normalidad. Ese punto es central, porque evita que el fuego funcione como excusa total para un derrumbe que venía incubándose desde antes.

Guaymallén, capital de las emergencias

Y hay otra pregunta que empieza a volverse imposible de esquivar: ¿cuántas emergencias más puede declarar Guaymallén antes de admitir que lo que está en emergencia es la gestión? Emergencia en Los Corralitos, emergencias sociales recurrentes, y ahora emergencia administrativa, tecnológica y operativa. La acumulación ya no habla de hechos excepcionales. Habla de una administración que parece vivir apagando incendios, reales o políticos, sin resolver nunca el problema de fondo.

En ese contexto, la fuerte versión de que podría volver a moverse el gabinete en las próximas semanas, como ya ocurrió el año pasado, no aparece como una señal de reacción inteligente, sino como otra evidencia de que el liderazgo sigue sin encontrar rumbo, conducción ni idoneidad suficiente para sostener un municipio en crisis. Porque cambiar nombres no corrige lo esencial: si hay que declarar emergencia cada vez que la realidad alcanza al relato, entonces la verdadera emergencia es política, de gestión y de liderazgo.

El incendio no puede funcionar como lavandina política

Acá está el riesgo real. Que el incendio termine sirviendo como explicación total. Como si el fuego hubiera creado de la nada la crisis, la fragilidad, el caos en Rentas, el desorden de sistemas y las dudas sobre la modernización. Y eso sería falso. Antes del incendio ya estaban publicados el regreso al sistema viejo, las fallas persistentes, el informe Lazzaro, el riesgo de apagón de datos y la pérdida de control sobre información sensible. El fuego no puede usarse para borrar el archivo.

Más todavía: si el incendio termina desplazando del centro de la discusión los cuestionamientos previos sobre sistemas, decisiones políticas y contrataciones, el municipio habrá encontrado una coartada demasiado conveniente. Porque un incendio genera conmoción, habilita urgencias, justifica excepciones y permite mover recursos con menos resistencia. Por eso la investigación técnica importa, sí. Pero también importa que el incendio no tape la secuencia anterior, la que Ecos Mendocinos ya venía mostrando cuando todavía no había humo, ni emergencia, ni excusas de ocasión.

Concluyendo

En Guaymallén no solo se quemó un sector del edificio municipal. También se intentó quemar el contexto. Y ahí está el verdadero peligro. Que entre humo, urgencia y contrataciones directas, el oficialismo quiera convertir un incendio gravísimo en una amnesia conveniente. Pero el archivo está. Las notas están. Los expedientes están. Y lo que Ecos Mendocinos contó antes del fuego hoy no quedó desmentido: quedó brutalmente actualizado.

Porque si el sector más avanzado, más caro y más sensible del municipio podía arder así, sin resguardo suficiente, entonces el problema nunca fue solo técnico. El problema era quién mandaba, quién controlaba y quién vendía como modernización lo que en realidad era una estructura demasiado frágil para soportar siquiera su propio relato.

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