Guaymallén: un municipio sin expedientes

Por Néstor Bethencourt
El 1 de abril debía arrancar otra vez el tan prometido sistema informático Nómade. El 14 de abril se incendió el área de Sistemas. Y al 5 de mayo, ni siquiera el empleado común puede acceder con normalidad a los expedientes municipales. La promesa era modernización. La realidad es un municipio sin memoria operativa.
Tres fechas para entender el derrumbe
La secuencia ya no admite maquillaje. El 1 de abril debía comenzar a funcionar, una vez más, el sistema Nómade. Apenas trece días después, el 14 de abril, un incendio golpeó el corazón del área informática municipal. Y hoy, 5 de mayo, el cuadro sigue sin mostrar una salida concreta. No hay normalidad, no hay acceso confiable a expedientes y tampoco hay certezas claras sobre qué puede consultarse y qué no.
Ese recorrido ya dice demasiado. El incendio no cayó sobre un sistema consolidado. Cayó sobre otro intento fallido de normalización. Cayó sobre una estructura que ya venía arrastrando problemas, parches y promesas incumplidas. Por eso, lo que hoy pasa en Guaymallén no puede explicarse solo como una secuela técnica. Es un colapso administrativo que ya estaba insinuado antes del fuego y que, después del fuego, quedó completamente expuesto.
Ni siquiera el empleado común puede acceder
Hay un dato que explica mejor que cualquier comunicado el nivel del desastre. Ni siquiera el empleado municipal común puede consultar expedientes con normalidad. Eso ya no afecta solo al vecino, al proveedor o a quien intenta hacer un trámite. Afecta al propio funcionamiento interno del municipio.
Cuando una administración pierde acceso regular a sus expedientes, no solo se frena un procedimiento. También se rompe una parte central de su memoria. Se corta la trazabilidad de decisiones, movimientos y antecedentes. Se vuelve más difícil reconstruir qué pasó, qué se resolvió y qué quedó pendiente. Y si eso le ocurre incluso al propio personal, entonces el municipio deja de administrar información y empieza a administrar oscuridad.
El vecino puede no entender la dimensión técnica del problema. Pero sí entiende otra cosa: va, pregunta, espera y muchas veces no obtiene respuesta. El empleado lo vive desde adentro. Y lo que encuentra tampoco es orden. Encuentra incertidumbre.
De la modernización al municipio sin memoria
La promesa era modernización. El discurso hablaba de eficiencia, orden y mejora en los procesos. El resultado, al menos hasta ahora, es otro. Del 1 de abril al 5 de mayo, Guaymallén pasó del enésimo anuncio de Nómade a un municipio sin acceso normal a expedientes.
Ese trayecto debería escandalizar mucho más de lo que escandaliza. Porque no se trata solo de un software que no arranca. Se trata de una administración que no puede garantizar memoria operativa, ni hacia afuera ni hacia adentro. Se trata de un municipio que, después del incendio, declaró la emergencia, volvió al papel y todavía no logra transmitir con claridad qué funciona, qué no funciona y qué se puede recuperar.
Y mientras tanto, el tiempo sigue pasando. Ya estamos a 5 de mayo. No se conocen novedades de fondo. No aparece una normalidad mínima. No se advierte una restitución seria del acceso a expedientes. Lo que sí aparece es una pregunta cada vez más pesada: qué queda realmente en pie dentro del municipio y cuánto de lo perdido podrá recuperarse.
Sin expedientes normales tampoco hay control normal
Acá no está en juego solo la comodidad administrativa. Está en juego algo más delicado: la posibilidad de controlar, verificar y reconstruir. Porque cuando los expedientes dejan de ser accesibles con normalidad, se resiente el trabajo interno, se debilita el control ciudadano y se deteriora la capacidad del Estado para explicarse a sí mismo.
Por eso esta no es solo otra nota sobre el incendio. Es una nota sobre sus consecuencias reales. Sobre un municipio que prometió arranque, sufrió un colapso y tres semanas después sigue sin recuperar un funcionamiento razonable. Sobre una administración que debía empezar abril con Nómade y llega a mayo sin poder garantizar algo tan básico como el acceso normal a sus expedientes.
La conclusión ya no necesita demasiadas vueltas. Guaymallén hoy es un municipio sin expedientes normales. Y lo más inquietante no es solo el desastre. Lo más inquietante es que todavía no aparezca una salida seria.
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