¿Calvente procesado? La parálisis de Guaymallén pone a prueba la independencia de Dalmiro Garay

28 abril, 2026Política, Portada
Reunión institucional entre Marcos Calvente y Dalmiro Garay tras el incendio en Guaymallén

Editorial / Análisis Político 28 de abril de 2026

En cualquier administración donde rige el principio de responsabilidad, el escenario actual de Guaymallén dispararía consecuencias inmediatas. Sin embargo, el intendente Marcos Calvente parece apostar a que el silencio y el paso del tiempo actúen como extintor de culpas. Pero el tiempo no repara bases de datos ni justifica el gasto de millones de pesos en salarios de una planta paralizada. Ante la magnitud del daño, la pregunta ya no es si hubo un incendio, sino por qué la Justicia aún no avanza hacia un procesamiento que parece, a todas luces, el piso mínimo de esta crisis.

El “teléfono” para Dalmiro Garay: ¿Investigación o complicidad institucional?

La crisis de Guaymallén coloca en un lugar incómodo a la cabeza del Poder Judicial de Mendoza, Dalmiro Garay. Hace apenas unos días, Garay tuvo la desacertada idea de declarar que la mala imagen de la Justicia o la percepción de que esta es influenciada por el Ejecutivo es culpa del periodismo.

Hoy, la realidad le ofrece a Garay una oportunidad inmejorable para demostrar que esa independencia que defiende a viva voz existe fuera de los discursos. Hasta el momento, solo se lo ha visto en una foto institucional en el portal del municipio de Guaymallén, de tono “colaborativo” junto a Calvente, bajo la premisa de “asistencia tecnológica”. Pero lo que Guaymallén necesita no es una foto de camaradería política; necesita una investigación de oficio, firme y transparente, que determine si hubo negligencia criminal en la custodia de los datos públicos.

Esa foto no fue un sueño de un periodista, tal vez si fue un sueño del intendente junto al titular de la Corte Suprema de Mendoza.

Si Garay quiere que el periodismo deje de cuestionar la independencia judicial, la mejor receta es que la Justicia actúe. Un desastre de estas características, con sistemas borrados y un municipio en stand-by, no se resuelve con convenios de cooperación, sino con serias pericias penales y responsabilidades políticas claras.

El simulacro de los turnos rotativos: Una administración infiel

La decisión de mantener al personal en un esquema de turnos rotativos es una estafa a la confianza del ciudadano. Se fragmenta la asistencia para que las oficinas no luzcan vacías y se inventan capacitaciones de relleno para ocupar horas muertas de empleados que no tienen sistema para trabajar.

Financiar con fondos públicos una parálisis operativa bajo el ropaje de una “rotación organizada” es, en términos técnicos, una administración infiel de los recursos. El intendente está quemando el presupuesto en un simulacro de gestión mientras el municipio real está desenchufado.

Un silencio que huele a encubrimiento

El hermetismo del Ejecutivo es la prueba más cabal del desastre. Cuando no hay nada que ocultar, se muestran los servidores, se presenta el plan de contingencia y se da la cara. En Guaymallén, la respuesta es el vacío y el maquillaje administrativo.

Este vacío es el que habilita —y exige— la intervención judicial. Si el intendente no puede explicar qué se quemó y por qué no se protegió la información de los contribuyentes, debe ser la Justicia la que entre al municipio a buscar esas respuestas.

Conclusión

La política mendocina no puede naturalizar que un municipio de este peso quede “ciego” y “mudo” de la noche a la mañana. La emergencia tecnológica ya mutó en una crisis institucional de máxima gravedad. Calvente procesado no sería una exageración; sería la reacción lógica de un sistema que busca proteger el derecho de los ciudadanos.

Dalmiro Garay tiene la palabra: puede seguir culpando a la prensa por la “percepción” social del Poder Judicial, o puede permitir que la Justicia investigue hasta el hueso para que los mendocinos vuelvan a creer que el poder político no tiene coronita en los tribunales. Sin explicaciones urgentes, el sillón de Calvente empieza a quedar peligrosamente cerca de los estrados judiciales. Excepto que todos sigan mirando para otro lado.

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