Nadya Camus: la muerte que obliga a preguntar qué se hizo mal en Guaymallén

7 mayo, 2026Portada, Sociedad
Imagen principal de la nota sobre Nadya Camus inspectora municipal Guaymallén

Por Néstor Bethencourt

Hasta hoy, Ecos Mendocinos eligió no abordar el accidente por respeto a la gravedad del cuadro que atravesaba Nadya Camus. Su fallecimiento cambió todo. Ya no se trata solo de un siniestro vial. Se trata de una muerte que deja dolor, bronca y una pregunta que Guaymallén no puede seguir esquivando: si hubo decisiones evitables, alguien tiene que explicarlas.

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El respeto terminó donde empieza la obligación de preguntar

Esta mañana murió Nadya Evelyn Camus, inspectora de Tránsito de Guaymallén, de 35 años. Permanecía internada desde el 27 de abril, cuando un camión embistió un operativo por accidentología en el Acceso Sur.

Ecos Mendocinos eligió guardar silencio por humanidad. Pero ese respeto no puede transformarse en cobardía periodística frente a quienes esperan que el tiempo licúe la responsabilidad. Desde hoy ya no alcanza con el duelo; empieza la obligación de preguntar. Porque en Guaymallén nadie siente que esto haya ocurrido en un escenario de normalidad. Lo que domina es la indignación ante una gestión que pretende disfrazar de “infortunio” lo que los propios empleados denuncian como un abandono sistemático y mortal.

“Móviles sin frenos ni calefacción”: el relato del abandono

Las redes sociales, ese termómetro que el municipio intenta enfriar borrando comentarios, estallaron con testimonios de quienes compartían el día a día con Nadya. La realidad que describen sus compañeros es dantesca: denuncian el abandono absoluto del área, con móviles desgastados que trabajan 24/7 “muchas veces sin frenos, sin luces, sin embrague y hasta sin balizamiento”.

La precariedad llega al punto de la crueldad: las unidades de Accidentología, que prestan servicio las 24 horas, ni siquiera tendrían calefacción. Mientras los funcionarios se sientan en oficinas climatizadas, los trabajadores denuncian que la ropa que les dan “a los dos meses no sirve” y que los bonos de sueldo son “miserables”.

Camionetas ploteadas para unos, autos de lujo para otros

Lo que hace que la muerte de Nadya sea aún más dolorosa y escandalosa es el contraste. Mientras los inspectores salen a jugarse la vida en vehículos obsoletos y sin mantenimiento, en Guaymallén abundan los vehículos municipales destinados al uso particular de los funcionarios.

Es un secreto a voces y que venimos denunciando desde hace mucho: circulan unidades oficiales, pagadas por los vecinos, que funcionan como autos personales. Incluso existen funcionarios con choferes a disposición, mientras que a otras tantas se les retiró el ploteo municipal para pasar desapercibidos y evitar el escrutinio público mientras usan el patrimonio del Estado para sus trámites privados. Para la casta política, camionetas impecables y discreción; para Nadya y sus compañeros, unidades sin frenos y el desprecio de la calle.

Hipótesis de una tragedia evitable: lo que habría pasado esa noche

Maria Jose Lopez Magnani, Novoa, Ignacio Conte y Pedro Adi Guaymallen
Círculo de poder: María José López Magnani, Novoa, Ignacio Conte y Pedro Martín Adi. Una red de vínculos y protecciones políticas que hoy queda bajo la lupa tras la muerte de Nadya Camus.

Hay que corregir el error de diarios que hablaron de un “control”. No habría sido un control. Según testimonios recabados, Nadya y sus compañeros habrían sido enviados a prestar colaboración en la señalización de un accidente por orden directa de María José López Magnani (prima hermana del Secretario de Gobierno, Ignacio Conte).

López Magnani, jefa de Accidentología y ahora a cargo de Tránsito tras el escandaloso traslado de Pedro Martín Adidesplazado en medio de denuncias por acoso—, habría enviado a personal de Tránsito a realizar una tarea técnica para la cual no contarían con la capacitación específica.

Esa noche, el personal nuevo habría colocado los conos demasiado cerca de la camioneta, lo que habría violado los protocolos de distancia de seguridad que los profesionales de Accidentología manejan. El camionero, que dio negativo en alcoholemia, habría relatado que un vehículo que iba adelante se abrió de golpe y él se encontró con la señalización encima, sin margen de maniobra. Si la señalización hubiese respetado el protocolo profesional, hoy quizás Nadya estaría con sus dos hijos.

El municipio: silencio, censura y “figuretismo”

La reacción institucional fue de una bajeza inédita: una condolencia tardía por redes a las 15 horas y un operativo de limpieza digital para borrar los gritos de justicia de los compañeros de Nadya. Mientras el intendente Marcos Calvente posa para cámaras en fotos de “figuretismo” puro, su gestión se sostiene sobre el temor a las amenazas de traslados, bajas en los sueldos y sanciones que denuncian los empleados.

Incluso después de la tragedia, el cinismo continúa: a los compañeros de Nadya se les habría prohibido el acceso al expediente para que no puedan conocer los detalles de la causa. El Secretario de Gobierno, Ignacio Conte, administra un sistema donde personajes como Adi son reubicados en Obras por Administración en lugar de ser exonerados, mientras se envía a trabajadores a la calle en móviles obsoletos donde, según testigos, el compañero de Nadya que estaba dentro del vehículo habría salido despedido por la violencia del impacto al no contar la unidad con medidas de seguridad activas.

La verdad como único consuelo

La muerte de Nadya Camus no puede terminar en una placa de “Q.E.P.D”. Mandar a una trabajadora a la calle en móviles sin frenos, sin calefacción, y bajo órdenes de jefaturas puestas por nepotismo —mientras los jefes se pasean en autos oficiales de incógnito— no es un accidente: es una decisión política.

Nadya merece justicia. Merece que se sepa quién dio la orden, por qué los móviles están destruidos y por qué se prioriza el blindaje de los parientes del poder por sobre la vida de los inspectores.

  • No con morbo, pero sí con firmeza.
  • No con oportunismo, pero sí con memoria.
  • No con tibieza, porque la tibieza ya mató a una trabajadora.

Si lo que ocurrió pudo evitarse, no fue una fatalidad. Fue una tragedia con responsables. Y Guaymallén no debería aceptar menos que la verdad total.

Agradecimiento a la valentía

Desde Ecos Mendocinos, queremos expresar nuestro más profundo respeto y agradecimiento a los trabajadores municipales, que, venciendo el miedo a las represalias, las amenazas de traslados y el verticalismo asfixiante de la gestión actual, alzaron la voz para que esta nota fuera posible.

Sabemos que en el Guaymallén de hoy, decir la verdad es un acto de coraje que pone en riesgo el sustento diario. Gracias por confiar en nosotros para canalizar su indignación. Gracias por no dejar que la memoria de Nadya sea sepultada por el silencio oficial. Su valentía es el primer paso hacia la justicia que ella, su familia y todos los que salen a la calle cada día, se merecen.

No están solos.

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