Guaymallén: Calvente y Raddi usan el Acceso Este para avalar gastos millonarios mientras los bonos no aparecen

Una obra importante sirve otra vez como paraguas perfecto. Afuera se habla de participación y coordinación. Adentro, los empleados todavía esperan respuestas que no llegan.
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Mientras en Guaymallén los empleados siguen esperando sus bonos, la gestión de Marcos Calvente vuelve a encontrar plata para prioridades difíciles de defender. En lugar de explicar qué pasó con los salarios, el municipio avanza con gastos millonarios sostenidos por fundamentos débiles. Ya no parece un episodio aislado. Empieza a parecer un modo de gestionar.
Esta vez, la cobertura elegida es la obra del Acceso Este, todavía no adjudicada y usada como argumento para justificar una contratación por $44.840.000 a favor de la Fundación Nuestra Mendoza.
Según el planteo oficial, el gasto busca acompañar el impacto social, comercial e institucional de la obra. El problema no es el Acceso Este. El problema es usar una obra relevante para contratar por millones tareas mal definidas y difíciles de distinguir de funciones municipales habituales.
EXP-7053-2026 Control Gestion Contrato dudoso by Nestor Bethencourt
En Ecos Mendocinos venimos viendo ese mecanismo desde hace tiempo. Se presenta una necesidad pública importante, se la rodea de palabras correctas y después aparecen trámites endebles, servicios difusos y montos demasiado generosos. Esta vez no ocurre nada distinto.
El Acceso Este como cobertura de otro gasto difícil de justificar
Cuando se observa qué pretende pagar el municipio, aparece una mezcla de articulación, reuniones, participación, seguimiento y vínculo institucional. Todo suena prolijo en el papel. Lo que no aparece con la misma claridad es la necesidad real de pagar una fortuna por eso.
Dicho en términos simples, Guaymallén parece tercerizar por millones tareas que ya debería cumplir con funcionarios, áreas técnicas y personal pago por el vecino. Ahí está el núcleo político del problema. No se ve una necesidad excepcional. Se ve una tercerización cara de funciones básicas.
Ese punto pesa todavía más en una gestión que ya viene acumulando gastos superfluos, silencios oficiales y decisiones difíciles de defender. Cuando falta claridad en lo esencial, cada peso destinado a lo accesorio hace más ruido.
Raddi firma desde el área que debía controlar

El dato más delicado no es sólo el monto. También importa desde dónde se impulsa la contratación. La firma sale de Control de Gestión, el área que debería mirar con mayor severidad este tipo de movimientos. Por eso Pablo Raddi vuelve a quedar en un lugar incómodo.
En Ecos Mendocinos ya hemos mencionado a Raddi en distintas coberturas vinculadas a expedientes sensibles, controles tardíos y decisiones administrativas cuestionadas. Su nombre no aparece por primera vez en una trama delicada. Y eso vuelve más grave esta nueva intervención.
Porque si el organismo que debe controlar termina avalando una contratación tan poco explicativa, el mensaje institucional es muy claro. El control deja de parecer una barrera preventiva y empieza a parecer una formalidad.
La documentación también deja una coincidencia llamativa. En la Fundación Nuestra Mendoza aparece Marta Graciela Bertancud como vocal titular. El mismo apellido reaparece en otra actuación reciente vinculada a la Fundación Tomás Alva Edison, donde también hubo fondos públicos comprometidos. Por sí solo no prueba una irregularidad, pero sí vuelve a mostrar nombres, circuitos y decisiones sostenidas con explicaciones débiles.
Mientras avanzan los millones, los bonos siguen sin aparecer
El contraste con la situación interna del municipio convierte esta historia en algo todavía más irritante. Mientras avanzan contrataciones de este tipo, los empleados municipales siguen sin una explicación clara sobre la merma que notaron en sus salarios.
La situación se agrava por un dato concreto. Aunque cobraron hace alrededor de diez días, todavía no tienen recibo de sueldo, lo que impide revisar descuentos, conceptos y liquidaciones con claridad. En una gestión que se vendió como ordenada y moderna, ese dato ya es grave por sí mismo.
El malestar, además, ya salió del comentario interno. En Ecos Mendocinos pudimos corroborar el reclamo de ASEMUG del 31 de marzo por la falta de bonos. Desde ayer, además, también se expresó SOEMMG, confirmando que el conflicto escaló y dejó de ser una simple queja de pasillo.
Y ahí aparece el contraste que más golpea. La gestión encuentra recursos para consultorías difusas mientras no logra ofrecer respuestas básicas sobre el bolsillo de sus trabajadores. El vecino entiende esa escena sin necesidad de tecnicismos. Hay plata para lo accesorio y silencio para lo esencial.
Calvente suma conflictos y sigue sin dar la cara
A esta altura, el problema ya no puede leerse como un episodio aislado. En Guaymallén se acumulan conflictos, silencios y decisiones difíciles de justificar. Marcos Calvente no puede seguir administrando este cuadro como si fueran ruidos menores.
En Ecos Mendocinos venimos señalando justamente eso. El vecino merece saber por qué se pagan fortunas por tareas difusas, quién firma esos gastos y por qué los bonos todavía no aparecen. Merece saber también por qué el Acceso Este termina funcionando como excusa para justificar erogaciones que no resisten demasiada luz.
A un lado queda una contratación por $44.840.000 avalada desde Control de Gestión con la excusa del Acceso Este. Del otro, empleados municipales sin recibo de sueldo, reclamos de ASEMUG desde el 31 de marzo y de SOEMMG desde ayer. Demasiados millones y demasiado silencio para una gestión que todavía pretende vender orden donde cada vez se ve más descontrol.
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Ni Lobos se atrevió a tanto.