Calvente: denigra al trabajador, subestima al vecino y desprecia al que pregunta

9 mayo, 2026Opinión, Portada
Fotoilustración de Marcos Calvente con carteles de EMESA y clúster minero frente a camiones municipales deteriorados en Guaymallén

Por Néstor Bethencourt

El intendente aparece cómodo entre empresas, energía, minería y discursos de modernización. Mientras tanto, Guaymallén acumula sistemas caídos, empleados desbordados, bienes sin control, vecinos subestimados y funcionarios usados para atacar a medios independientes.

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Marcos Calvente parece haber encontrado su lugar ideal lejos del barro cotidiano de Guaymallén. No es una metáfora elegante, pero sí bastante precisa para describir su gestión. Mientras el departamento acumula reclamos, áreas sin sistemas, empleados haciendo malabares y vecinos sin respuestas, el intendente posa en escenarios empresariales.

Allí habla de minería, energía, clústeres, parques solares, bonos verdes, inversión privada y futuro productivo. Todo suena moderno, prolijo y fotogénico para la comunicación oficial. El problema es que Guaymallén no se administra desde una presentación empresarial.

Un municipio se administra con servicios, controles, presencia territorial, bienes cuidados y respeto por los vecinos. Y ahí empieza el ruido. Calvente no es solamente intendente del municipio más poblado de Mendoza. También figura como Director Titular y Vicepresidente de EMESA, según información publicada en el Boletín Oficial de Mendoza. Además, fue presentado como presidente del Clúster de Proveedores de la Minería y Energía de Cuyo, un espacio público-privado vinculado a empresas, energía y minería. Entonces la pregunta deja de ser menor: ¿cuánto tiempo real le queda a Calvente para gobernar Guaymallén?

EMESA, el clúster y el sillón doble

Para el vecino común, EMESA puede sonar como una sigla lejana. Pero no lo es. EMESA es la Empresa Mendocina de Energía S.A.P.E.M., una empresa de derecho privado con participación estatal. Fue creada por ley provincial y tiene como accionistas a la Provincia de Mendoza y sus municipios. Sus objetivos incluyen desarrollar proyectos energéticos, diversificar la matriz energética y promover inversión privada. Dicho en criollo: EMESA no vende pochoclos. Maneja temas sensibles de energía, proyectos estratégicos y negocios públicos con impacto real.

Y Calvente no la mira desde afuera. Está sentado adentro. Al mismo tiempo, la Municipalidad de Guaymallén impulsa el Parque Solar de Puente de Hierro con intervención de EMESA. La propia comuna informó que el proyecto se construirá en el antiguo vertedero de ese distrito. También comunicó que EMESA abrió el concurso público para la obra. Es decir, Calvente gobierna el municipio que impulsa el proyecto y también integra la conducción de la empresa energética interviniente. No hace falta gritar una denuncia para advertir el problema político. Alcanza con mirar el tablero completo y preguntar quién controla a quién.

Con el clúster de Proveedores de la Minería y Energía de Cuyo ocurre algo parecido. La Municipalidad informó que decenas de empresas ya efectivizaron su inscripción o comprometieron participación. También sostuvo que el espacio nació por impulso de Guaymallén. La explicación oficial habla de competitividad, derrame económico y oportunidades para empresas locales. Nadie serio puede negar que un municipio dialogue con el sector productivo. El problema aparece cuando ese diálogo parece desplazar la obligación básica de gobernar. Guaymallén no tiene recursos minerales. Pero tiene intendente minero, agenda energética y discurso empresario.

Tiene barrios postergados, trabajadores sin capacitaciones, sin herramientas y vecinos esperando respuestas mucho menos glamorosas. Tiene zonas con reclamos históricos, vehículos en mal estado, servicios cuestionados y una administración golpeada por la falta de sistemas. Por eso la pregunta es brutal, pero necesaria: ¿Calvente gobierna Guaymallén o usa Guaymallén como plataforma de negocios institucionales?

Modernización: del anuncio al incendio

Hace pocas semanas, Calvente habló de modernización, ventanilla única, sistemas de cobro, geolocalización y trámites digitales. La propia Municipalidad publicó que proyectaba consolidar herramientas digitales, ampliar cobros e implementar nuevas formas de autogestión. La frase sonaba hermosa. El problema fue la realidad posterior. Desde aquel anuncio de modernización informática hasta hoy, la gestión Calvente consiguió una transformación indiscutible: un incendio arrasó con el corazón digital del municipio.

Daños en el área de Sistemas de la Municipalidad de Guaymallén tras el incendio
La modernización prometida terminó con sistemas caídos, expedientes en papel y asistencia externa para restaurar servicios digitales.

La propia Municipalidad reconoció que el incendio afectó la infraestructura informática y los sistemas de datos. También decretó la emergencia administrativa, tecnológica y operativa tras el siniestro. Después vino lo insólito. El municipio dispuso volver transitoriamente al expediente en soporte papel. La modernidad prometida terminó en retraso medieval, lápiz, papel y trabajadores reconstruyendo la administración como pueden. La Suprema Corte informó luego que el incendio destruyó la totalidad de los sistemas críticos municipales. También se activó asistencia externa para intentar restaurar servicios digitales.

No se sabe si semejante “avance” formaba parte del proyecto de modernización. Lo seguro es que el resultado fue devastador para la administración pública. Si el Data Center con valor entre 7 y 8 millones de dólares sin seguro, la pregunta es inevitable: ¿cómo pudo quedar expuesto semejante patrimonio sin un resguardo proporcional? Y si ni siquiera estaba asegurado en relación al daño posible, la negligencia ya no parece administrativa. Parece una radiografía completa del modelo Calvente.

En una empresa privada, un desastre así tendría responsables claros y explicaciones inmediatas. En Guaymallén, en cambio, aparecen comunicados, sonrisas institucionales y convenios de emergencia. La sensación ciudadana es cada vez más amarga: todos se conocen, todos se cruzan, todos se saludan en los actos. Mientras tanto, el vecino sigue preguntando quién protegía los datos, quién debía controlar los sistemas y quién responde por semejante pérdida.

La Justicia que mira desde arriba

La Justicia, mientras tanto, ni siquiera parece moverse cuando alguien intenta empujarla. En Mendoza, denunciar hechos graves muchas veces termina siendo otra forma de padecimiento ciudadano. El denunciante común no solo carga con la sospecha pública, también debe soportar el ninguneo burocrático de un sistema que suele mirar desde arriba. Uno intenta consultar expedientes denunciados, aportar información o seguir una causa, y demasiadas veces recibe silencio, vueltas o destrato.

Pareciera que para que algo avance hiciera falta convertirse en querellante, contratar abogados, poner dinero y entrar a un tablero judicial diseñado para pocos. Los simples mortales quedan afuera, no solo por los costos, sino también por la falta de garantías reales frente a una Justicia que rara vez parece justa para quienes no tienen poder. Cuando la Justicia necesita querellantes con billetera para moverse, la corrupción ya ganó una parte del partido.

El contraste histórico es brutal. Uno de los golpes más fuertes contra la corrupción municipal en Guaymallén fue el procesamiento y posterior condena de Luis Lobos, hace más de una década. Aquel caso quedó como antecedente fuerte, casi como una postal de otra época judicial. Hoy, sin embargo, la corrupción parece más sofisticada, más extendida y más protegida por silencios. Hay denuncias, expedientes, documentos, notas públicas y preguntas concretas. Pero las causas no avanzan con la velocidad que la gravedad institucional exige.

La Justicia mendocina también se comporta como una corporación que muchas veces se mira el ombligo. Cuida sus equilibrios internos, sus comodidades y sus pactos de supervivencia. Mientras tanto, mira desde arriba a sus propios empleados y a la gente común, como si reclamar transparencia fuera una molestia y no un derecho. Guaymallén no se degrada solo porque el Ejecutivo falle. Se degrada también porque los controles llegan tarde, miran poco o directamente no llegan.

Pierre Nodoyuna del empresariado municipal

Camión municipal de Guaymallén en grave estado de deterioro denunciado por fuentes internas.
La imagen recibida por Ecos Mendocinos forma parte de nuevos señalamientos sobre el estado del parque automotor municipal.

Calvente habla el idioma de la eficiencia privada, pero administra un Estado municipal que se cae en tareas básicas. Si actuara en el mundo privado como muchas veces actúa en lo público, probablemente ningún directorio serio lo toleraría. En una empresa, los sistemas caídos tienen responsables. Los bienes sin control tienen consecuencias. Las áreas sin capacitación generan sanciones. Los accidentes trágicos obligan a revisar procedimientos. En Guaymallén, todo parece diluirse entre ninguneo, fotos, slogans y nuevos anuncios.

En las últimas horas, Ecos Mendocinos tomó imágenes de un camión municipal circulando y en grave estado de deterioro. Según la información obtenida, la unidad habría circulado por el departamento con fallas mecánicas severas desde hace tiempo. No sería un caso aislado: son numerosos los vehículos municipales del Parque Automotor que trabajan en condiciones similares. El dato resume la contradicción de fondo: mientras Calvente habla de eficiencia, energía y negocios estratégicos, Guaymallén ni siquiera logra garantizar controles básicos sobre bienes públicos que pueden poner en riesgo a trabajadores y vecinos.

Por eso Calvente empieza a parecer una especie de Pierre Nodoyuna del empresariado municipal. Siempre corriendo detrás de una épica privada, pero dejando aceite en cada curva pública. El deterioro no lo pagan los discursos oficiales,lo pagan los vecinos y los trabajadores municipales. Muchas áreas siguen sin capacitación suficiente para tareas sensibles. Otras trabajan con personal sobrecargado, herramientas precarias y órdenes que bajan desde escritorios muy cómodos. Después, cuando ocurre una tragedia, el sistema busca responsabilidades hacia abajo, si las busca.

Nunca hacia la conducción política que diseñó, toleró o abandonó ese esquema. El Ejecutivo de Guaymallén, liderado por Calvente, muestra una conducta cada vez más preocupante. Denigra al trabajador que advierte, subestima al vecino que reclama y desprecia al medio que pregunta. Cuando el trabajador habla, lo miran como problema. Cuando el vecino molesta, lo tratan como exagerado. Y cuando Ecos Mendocinos publica, aparece el aparato chico del municipio para atacar, ensuciar o descalificar.

Facundo Coria y la degradación política

Referencia a Facundo Coria, subdelegado de Puente de Hierro, por ataques a medios independientes.
Facundo Coria, subdelegado de Puente de Hierro, vuelve a quedar mencionado por prácticas de hostigamiento digital e intimidación a Ecos Mendocinos.

El caso de Facundo Coria, subdelegado de Puente de Hierro, merece un párrafo propio. No se trata de un simple vecino opinando en redes. Se trata de un funcionario municipal que volvió a atacar por redes e intimidar por Whatsapp a Ecos Mendocinos. Coria representa un distrito históricamente postergado, donde sobran reclamos y faltan respuestas. Puente de Hierro necesita presencia, gestión, respeto y soluciones concretas. Sin embargo, según antecedentes registrados por Ecos Mendocinos, Coria ya había aparecido vinculado a prácticas de trolleo contra publicaciones críticas.

El dato agrava el cuadro político. Porque un funcionario territorial no debería intimidar ni actuar como comentarista agresivo del oficialismo municipal. Mucho menos cuando su propia zona arrastra problemas graves, abandono histórico y demandas básicas pendientes. En uno de los distritos más relegados, el municipio parece haber encontrado una prioridad extraña: usar funcionarios para atacar medios independientes mientras los problemas de fondo siguen esperando turno. Eso no es gestión territorial. Es degradación política en formato de comentario de Facebook.

La lógica se repite. El trabajador advierte y lo silencian. El vecino reclama y lo minimizan. El periodista pregunta y lo atacan. El funcionario falla y lo protegen. Ese modelo no necesita grandes teorías. Se ve todos los días en la forma de tratar al ciudadano común. Guaymallén parece tener un Ejecutivo cada vez más sensible a la crítica y cada vez menos sensible al deterioro real del departamento.

Negocios arriba, servicios abajo

Calvente parece fascinado por el vocabulario privado. Habla de clúster, competitividad, derrame, bonos verdes, eficiencia, energía y proveedores. Todo eso puede ser importante. Pero nada reemplaza la obligación elemental de administrar bien el municipio. Guaymallén no necesita un gerente de eventos empresariales. Necesita un intendente presente, responsable y capaz de ordenar su propia casa y que se haga cargo. Porque el problema no es la inversión privada. El problema es la prioridad política.

Calvente habla de eficiencia privada con una seguridad llamativa para alguien que lleva once años instalado en cargos municipales. No viene de domar empresas difíciles ni de administrar riesgos productivos reales. Viene del mismo Estado local que hoy exhibe sistemas caídos, bienes sin control, empleados desbordados y vecinos ninguneados. Si esa fuera su carta de presentación ante el mundo privado, probablemente no pasaría ni la primera entrevista.

Cuando un intendente se entusiasma más con proveedores mineros que con empleados sin sistemas, algo está invertido. Cuando se muestra más cómodo entre empresarios que entre vecinos dañados, algo está roto. Y cuando el Estado municipal se convierte en vidriera de negocios futuros, la ciudadanía queda en segundo plano. La política debe ordenar al capital, no servirle el café. Debe controlar intereses, no posar como promotora comercial de turno. Guaymallén necesita gestión pública, no marketing empresarial con sello municipal.

Calvente puede hablar de EMESA, clústeres, parques solares, bonos verdes y desarrollo regional. Pero nada de eso tapa la realidad. El municipio sufrió un incendio que destruyó sistemas críticos. Los empleados hacen lo que pueden sin herramientas suficientes. Los vecinos reciben respuestas pobres. Las áreas sensibles siguen sin capacitación adecuada. Los bienes municipales muestran controles débiles. Y funcionarios menores atacan a medios independientes. La discusión no es minería sí o minería no. Tampoco es energía sí o energía no.

La discusión es mucho más simple: Guaymallén necesita un intendente, no un gerente de intereses privados con despacho municipal. Porque el desarrollo no se mide por la cantidad de fotos con empresarios. Se mide por la capacidad real de mejorar la vida cotidiana de la gente. Y en Guaymallén, por ahora, la foto empresarial parece ir mucho más rápido que la gestión pública.

Datos duros

Calvente es intendente de Guaymallén. También figura como Director Titular y Vicepresidente de EMESA. EMESA es una empresa energética con participación estatal. Calvente fue presentado como presidente del Clúster de Proveedores de la Minería y Energía de Cuyo. El clúster nació para fortalecer empresas proveedoras de minería y energía. Guaymallén impulsa el Parque Solar de Puente de Hierro con intervención de EMESA.

El 14 de abril, un incendio afectó la infraestructura informática y los sistemas de datos municipales. La Suprema Corte informó que el incendio destruyó la totalidad de los sistemas críticos. El municipio dispuso volver transitoriamente al expediente en soporte papel. Ecos Mendocinos tomó imágenes de un camión municipal en grave estado, dentro de una problemática que excedería a una sola unidad. Facundo Coria, subdelegado de Puente de Hierro, ya tenía antecedentes de trolleo según registros de este medio.

Guaymallén no necesita otro gerente para la foto. Necesita un intendente para la realidad.

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2 thoughts on “Calvente: denigra al trabajador, subestima al vecino y desprecia al que pregunta

  1. Calvente DENIGRA al empleado igual que la gente de su GABINETE O su GABINETE DENIGRA a la gente igual que lo hace el propio CALVENTE.
    Son una LACRA HUMANA LO MÁS BAJO. DE. LA SOCIEDAD,
    Las cosas se que vieron y. Se escucharon mientras despedían los restos de la. Trabajadora de tránsito fue de. LOCOS…..
    Al Secretario de Gobierno solo le importaba que los de tránsito fueran a la. Calle al tan famoso y cuestionado punto ARENALES, OTRA del Sr. Sec. De Gobierno no se hizo cargo de los. Gastos de sepelio dijo: que los pague el SINDICATO.
    El Intendente AUSENTE
    OTRO de los presentes fue JORGE(nene). Carrizo. El mayor responsable del Estado en que se. Encuentra el área de tránsito ( jqmas movió un dedo) pero a cara de piedra derramó lágrimas en el sepelio.
    OTRO GRAN. RESPONSABLE DANIEL OZAN : 10/12 años al frente de TRÁNSITO, y lo dejó destruido junto con su GRAN GRUPO( mesa chica) de obsecuentes (Escudero.tribastoni, Rojas y otros)
    OTRO EL EX SUBDIRECTOR ASÍ, solo preocupado por que ya. No sería jefe, son la. Cara. De vista
    El Estado de tránsito es deplorable y hay responsables

  2. El estado de tránsito es deplorable… Usted lo ha dicho Sr. Danilo!!!
    Movilidades: sin frenos, ni embrague, ni espejo retrovisor y mucho menos el servicio técnico que corresponde.
    Las motos están sin batería.
    El personal no tiene la ropa adecuada para trabajar en la calle en esta época… El personal que regula en Arenales NO se ve!!! Si… NO SE VEN!!! Y así seguiría detallando todas las falencias que tiene una gestión nefasta!!!

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