Flota descontrolada, natatorios cerrados, depósitos vaciados y sistemas que fracasan. Frente a todo eso, Casnati y Raddi responden con el MEMORANDUM 02/2026: un manual de buenas prácticas que admite lo que Ecos Mendocinos viene publicando y mueve el dedo acusador lejos de sus propios escritorios. Por Néstor Bethencourt

En cualquier empresa privada, con el prontuario de Guaymallén ya habrían volado varias cabezas. Flota descontrolada, chatarra con RTO, GPS y seguro al día, natatorios tan mal que hubo que cerrarlos, depósitos donde las cosas aparecen, desaparecen y reaparecen según el expediente del día, sistemas informáticos caros que terminan en papel y birome. En Guaymallén, el memorándum Guaymallén Control de Gestión se convierte en traje salvavidas para los de siempre
En una compañía normal, el director de control de gestión estaría llenando la caja de cartón para irse a su casa. En Guaymallén, en cambio, aparece un memorándum interno. Y no cualquiera: un memo camaleón, pensado para que quienes deberían dar explicaciones se disfracen de profesores de ética administrativa y miren para otro lado.
Cuando el culpable escribe el manual de buenas prácticas
El texto es de colección. Desde la INTENDENCIA – Dirección de Control de Gestión les recuerdan a todas las áreas dependientes que son responsables del patrimonio a su cargo, del uso correcto de los bienes, del inventario actualizado, del mantenimiento, de la conservación, de todo. Si algo se rompe, el mensaje es claro: el problema es tuyo, vos firmaste.
En el fondo, el memorándum es también una confesión torpe. Todo lo que enumera es exactamente lo que este diario viene mostrando hace años: flota sin control, inventarios fantasmas, horarios flexibles para la casta y un manejo del patrimonio municipal que haría sonrojar a cualquier pyme. Si hoy necesitan “recordar” por escrito cosas tan básicas, es porque lo publicado en Ecos Mendocinos ya no se puede tapar con silencio ni con risitas de pasillo.
Después viene la segunda capa. Cada dirección debe controlar horarios, tareas y conducta del personal, promover buenas costumbres, aplicar medidas administrativas cuando alguien se desmadra. Es el jefe ideal de manual, escrito en un lugar donde cualquiera que recorra oficinas sabe cuánto se cumple eso en la realidad.
Finalmente entra en escena la Dirección de Control de Gestión. No aparece como parte del problema. Se presenta como auditor heroico que va a “verificar el grado de cumplimiento” de esas obligaciones y a revisar el estado del patrimonio.
Un detalle menor: es la misma dirección que dejó crecer el despelote durante años.
Traducido al criollo:
“Si algo sale mal, fue culpa de ustedes. Nosotros solo pasábamos por acá con un memo muy serio”.
Todo esto está en el MEMORANDUM 02/2026, fechado el 21 de enero de 2026, dirigido a “todas las áreas dependientes de la Municipalidad de Guaymallén”
Perlita
El detalle más jugoso está en el final del documento. El MEMORANDUM 02/2026 no lo firma un pasante distraído. Lleva las firmas de Pablo Raddi, director de Control de Gestión, y de Simón Casnati, subdirector. Es decir: el responsable del control que falló y su segundo se sientan juntos a redactar el manual de buenas prácticas. En cualquier lado sería una autocrítica pública. Acá intenta ser otra jugada para salvar el pellejo mientras las direcciones se comen el sermón.
A esta altura, más que un memorándum, es un “me declaro enterado” de todo lo que Ecos Mendocinos viene contando. Firmado por Casnati y Raddi, para que después nadie diga que no sabía.
En el sector privado te echan; acá te dejan escribir el memo
Hagamos un ejercicio sencillo. Pensemos una empresa que:
- mantiene vehículos destruidos como activos, asegurados y con GPS encendido;
- deja caer sus natatorios hasta que la propia auditoría recomienda frenar todo;
- paga sistemas informáticos que no funcionan y vuelve al viejo, pero con la factura paga;
- pierde bienes en depósitos donde nadie sabe bien qué entra y qué sale.
En el sector privado, la pregunta sería directa: “¿dónde estaba el responsable de control mientras pasaba todo esto?”. La respuesta no se imprime en un memorándum, se imprime en un telegrama de despido. Ese responsable se va a su casa, sin oportunidad de dar clases de nada.
En Guaymallén pasa lo contrario. El mismo esquema que no controló nada se reinventa como gran repartidor de responsabilidades ajenas. No cambian al conductor, no intervienen la dirección, no reordenan el organigrama. Mandan un PDF.
Es el sueño de cualquier mediocre con cargo: cuando todo se hunde, en lugar de rendir cuentas, redactás un memo sobre salvavidas y le echás la culpa al pasaje.
La camaleónica ciencia de no hacerse cargo
El truco es viejo, pero sigue funcionando como si fuera nuevo.
Cuando hay descontrol de flota, la culpa es del que maneja.
Cuando faltan cosas en los depósitos, la culpa es del que lleva el inventario.
Cuando un natatorio da miedo, la culpa es del que estaba en el natatorio.
¿Y el área que debía mirar todo eso antes de que aparecieran las fotos, las denuncias y las auditorías?
Está ocupada redactando memorándums sobre responsabilidad patrimonial, con vocabulario de normas IRAM y cara de “yo ya les había avisado”.
En una administración sana, el memo sería el final de un proceso.
Primero se limpian las áreas podridas, se asumen errores y se cambian personas.
Después se establecen reglas nuevas para no repetir la historia.
Acá es al revés. Las reglas se imprimen para proteger a los de arriba cuando llegue la próxima auditoría que cuente, con números y patentes, lo que hicieron —o no hicieron— con el patrimonio de todos. El papel no ordena la realidad; ordena el reparto de culpas.
Mientras tanto, muchos jefes de área reciben el memorándum y entienden el mensaje silencioso. No es un recordatorio técnico. Es un salvoconducto escrito para quienes firmaron durante años al pie de cada desastre.
Editorial breve para que nadie se haga el distraído
No confundamos las cosas. El memorándum no es malo por lo que dice. Sobre el papel es impecable: hay que cuidar los bienes, controlar horarios, firmar inventarios serios, aplicar sanciones cuando corresponde. Nadie discute eso.
El problema es quién lo firma y cuándo.
Si lo redactara una gestión que viene saneando desastres, sería un paso lógico. Firmado por quienes dejaron crecer el descontrol, es otra cosa: es el chaleco salvavidas del que debía estar al mando del barco.
En cualquier empresa medianamente seria, la “cultura del no me hago cargo” termina, tarde o temprano, con números en rojo y cambios en la conducción.
En Guaymallén, por ahora, se imprime como memorándum interno y se reparte por correo oficial, con copia a todas las direcciones.
Que quede claro: no es un documento para mejorar la gestión; es un documento para mejorar la coartada. Cuando aparezca el próximo escándalo, alguien dirá “pero nosotros ya habíamos recordado las responsabilidades”.
El día que los vecinos empiecen a leer estos papeles como lo que realmente son, el camaleón va a tener un problema. Porque cambiar de color sirve mientras nadie recuerde cómo era la piel original.
Y en Guaymallén, por más memorándums que repartan, cada expediente nuevo ayuda a recuperar la memoria.
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Vaya a saber que compromiso tiene Calvente con esta manga de satrapas para seguir bancando tanta inutilidad , el hcd solo está para levantar la mano en huevadas y el problema lo tienen dentro del municipio