Guaymallén y el reino del “casi”: un Control de Gestión que simula controlar

Guaymallén se ha especializado en una forma particular de gestión: la gestión del “casi”. Casi controlan la flota, casi auditan las áreas sensibles, casi siguen los expedientes, casi exigen responsabilidades, casi sancionan cuando aparecen desvíos. Por Redacción

Mónica Martínez, Lorena Cañete y Pablo Raddi participando de un evento público vinculado a la gestión municipal de Guaymallén
Mónica Martínez, Lorena Cañete y Pablo Raddi participando de un evento público vinculado a la gestión municipal de Guaymallén

Hay informes, memos, notas internas y pedidos de precisiones que, sobre el papel, arman una coreografía administrativa prolija. En la realidad, el sistema deja pasar lo esencial y responde tarde, mal y nunca.

La Dirección de Control de Gestión de Guaymallén debería ser el órgano incómodo: el que pincha globos, enciende luces rojas y obliga a cada área a trabajar con miedo sano a una auditoría seria. Sin embargo, los expedientes que se han conocido muestran otra cosa. Es un organismo que corre detrás de los hechos, se entera por denuncias anónimas, pide información básica porque no la tiene ordenada y acepta explicaciones absurdas que transforma en documentos oficiales. No es solo un problema de organigrama, es un problema de nombres propios, de trayectorias, de vínculos internos y de cultura de trabajo.

Pablo Raddi: el que decide y se controla a sí mismo

Pablo Raddi lleva años en el centro de este dispositivo. Habla de modernización, sistemas e indicadores, pero bajo su conducción el municipio ha admitido por escrito que no sabe cuántos vehículos tiene asegurados, qué camiones contratados siguen en servicio, qué pasó con determinados bienes o por qué se pagan servicios sin un tablero claro. Más grave aún, desde hace meses también conduce la Dirección de Innovación y Atención al Vecino. Desde allí impulsa contrataciones, compras y servicios que implican gasto y proveedores, mientras sigue dirigiendo el organismo que supuestamente debe auditar cómo se gasta. El funcionario que firma los contratos es el mismo que firma los informes sobre esos contratos. El que decide es, a la vez, el que certifica que su propia decisión estuvo bien.

No se trata de un detalle técnico, sino de una incompatibilidad concreta que ya se expuso públicamente y que el municipio mantiene intacta. Raddi sigue ahí, impávido; nadie separa funciones, nadie evita este autocontról espurio, nadie impide que el controlador sea juez y parte al mismo tiempo.

En Guaymallén apuestan a que casi nadie denuncie y a que las pocas denuncias formales puedan dormir tranquilas en algún cajón.

Con el sistema de GPS y contratación de seguros el mecanismo quedó a la vista. El municipio paga todos los meses, pero los controles aparecen recién cuando estalla un escándalo o llega un anónimo. Primero la filtración, después la auditoría. Primero el vecino que se anima a hablar, después la nota interna pidiendo detalles que ya deberían estar registrados desde el primer día.

Las segundas líneas que sostienen la ficción

Raddi no sostiene esto solo. Detrás de cada informe tibio y de cada auditoría que no incomoda a nadie hay segundas líneas que completan la puesta.

Mónica Martínez aparece en expedientes firmando actuaciones e informes que describen problemas pero diluyen responsabilidades. Ecos Mendocinos ya mostró cómo ella y su hermano usaban la movilidad P-136, asignada a Control de Gestión, para fines recreativos desde hace años, hasta que el escándalo obligó a resguardar el vehículo y a pedir un informe sobre su uso. También se la describió como alguien que, aun después de la salida formal de su hermano por abuso de movilidades, sigue pidiendo vehículos para cualquier cosa sin cargo jerárquico claro, construyendo casi un “municipio paralelo” al amparo de su cercanía con Marcelino Iglesias, sumando extras y disponiendo de movilidades permanentes.

Lorena Cañete, subdirectora, se hizo conocida por auditorías que terminan casi pidiendo disculpas por haber encontrado faltantes. Frente a inventarios incompletos, movimientos que nadie justifica y diferencias groseras entre lo comprado y lo existente, sus informes eligen el camino de la minimización: se habla de errores de conteo manual, se reducen desfasajes a simples desprolijidades y se suaviza lo que cualquier auditor serio consideraría vergonzoso. Su nombre aparece además ligado a viajes reiterados a Miami y otros destinos, propiedades en construcción, autos de alta gama, vínculos con el viejo luislobismo y sospechas sobre manejos irregulares con proveedores, incluso un audio en el que su pareja pediría dinero a un proveedor en su nombre, más un incendio nunca esclarecido donde se acopiaba ropa para personal municipal y horas extras cobradas mientras viajaba por el mundo.

El nombre de Sandra Caliba completa el cuadro. Diversas fuentes internas señalan que Cañete la utiliza en tareas que se parecen mucho más a un servicio doméstico personal que a funciones municipales, cubiertas con horas e ítems pagados por la comuna. Si esto es así, no solo hay uso privado de recursos públicos, sino una naturalidad alarmante para mezclar lo personal con lo institucional justamente en la dirección que debería encarnar el control.

Auditorías que acomodan y un mensaje claro

Auditorías en depósitos que detectan faltantes pero aceptan explicaciones ridículas. Notas aclaratorias que convierten errores graves en simples desacoples. Relevamientos que reconocen problemas pero los relativizan al instante. Pedidos de información tardíos escritos más para cubrirse que para corregir. Control de Gestión no se limita a mirar para otro lado: construye un relato amable de lo inaceptable. Presenta como avance lo que en realidad es una admisión de fracaso.

Así manda dos mensajes. Hacia arriba le dice al poder político que hay controles, auditorías y revisiones, ofreciendo una coartada de transparencia. Hacia abajo le garantiza a cada área que, si el escándalo no explota en público, el control interno será soportable y casi nunca tendrá consecuencias reales.

En Guaymallén el problema ya no es solo que existan funcionarios que hacen las cosas mal, sino la existencia de un organismo entero dedicado a que nunca parezcan tan graves. Mientras el municipio siga eligiendo este tipo de controladores, nadie debería sorprenderse de que el descontrol crezca bajo la apariencia prolija del expediente bien redactado.


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One thought on “Guaymallén y el reino del “casi”: un Control de Gestión que simula controlar

  1. Siempre el mismo juego, el guaymallen de CALVENTE, GRAN SEMILLERO DE CORRUPCIÓN bien puesto el nombre por quienes conocerían a fondo los guisos que allí se cocinan.
    RADDI ya no resistiría nada todo lo que viene sucediendo. Desde que asumió MARCELINO GASTO EL DÍA DE HOY son sólo denuncias por las que al día de hoy está PRESO LOBOS Y SGRO, hoy RADDI correría la misma suerte habrían. Demasiadas pruebas en su contra sólo habría que preguntar un poquito y tirar de la soga y saldrían a la luz cientos de testigos como BORDÓN, GONZÁLEZ, hoy convertidos en cómplices y partícipes de los desaguisados de RADDI, CAÑETE, GIACOBAZZO, GUARDIA Y TANTOS OTROS,
    VAMOS JUSTICIA TODAVÍA TENEMOS FE EN VOS

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