Guaymallén: cuando los líquidos cloacales también llegan en camiones

En marzo de 2025, Ecos Mendocinos ya había contado cómo un camión oficial fue detectado arrojando desechos cloacales en Buena Nueva, Guaymallén. También había contado algo peor: el intento de intimidar a inspectores, la retención del acta y la persecución interna contra quien hizo su trabajo. Más de un año después, aquella historia no parece vieja. Parece vigente.
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Los líquidos cloacales también llegan en camiones a Guaymallén
En Ecos Mendocinos hay notas que no envejecen. Hay notas que esperan. Quedan ahí, publicadas, hasta que la realidad decide darles la razón otra vez. Eso pasa con “Cloacas del poder: La impunidad en Mendoza”, publicada por Ecos Mendocinos el 28 de marzo de 2025. No era una exageración. Era una advertencia. Y hoy, con el escenario sanitario y político que vuelve a apestar en distintos puntos del departamento de Guaymallén, esa advertencia merece ser recordada.
En aquella nota se informó que un camión perteneciente al Ministerio de Planificación e Infraestructura Pública Escolar fue sorprendido realizando un vertido clandestino de desechos cloacales en calle Buena Nueva s/n, en Guaymallén. El hecho había sido detectado el 7 de marzo, después de las 10 de la mañana, por inspectores municipales de la Dirección de Ambiente y Energía, que al acercarse comprobaron que el vehículo estaba arrojando desechos cloacales de forma ilegal.

Lo grave no terminaba ahí. Según publicó entonces Ecos Mendocinos, el chofer del vehiculo provincial intentó intimidar a los inspectores con llamados para influir sobre el procedimiento. Y después vino lo más mendocino de todo: no la sanción al infractor, sino el castigo al que actuó como debía.

El texto señalaba que, tras el operativo, se habría desatado una persecución interna contra el inspector actuante y que el acta labrada había sido retenida deliberadamente, pese a que tenía un plazo de diez días para ser elevada con o sin descargo.
No era solo un vuelco clandestino, era una forma de operar
Ese es el punto que vuelve tan actual a aquella publicación. El problema nunca fue solo el contenido del camión. El problema fue la lógica. Un vehículo oficial arrojando desechos cloacales donde no debía. Un chofer intentando torcer el procedimiento. Un inspector hostigado por cumplir su tarea. Un acta retenida. Y, detrás de todo eso, una estructura política y administrativa más inclinada al encubrimiento que al saneamiento.
Por eso esa nota merece refrescarse ahora. Porque ayuda a entender que en Guaymallén los episodios sanitarios, ambientales y administrativos no siempre aparecen como accidentes sueltos. Muchas veces aparecen como piezas de un mismo método: hacer, tapar, apretar y esperar que el tiempo haga lo suyo.
En aquella publicación, Ecos Mendocinos ya vinculaba ese modus operandi con una “preocupante inclinación a tapar irregularidades” desde niveles municipales y provinciales. Hoy, vista a la distancia, esa definición quedó incómodamente bien plantada.
Incluso los comentarios que quedaron bajo esa nota terminan reforzando la línea de fondo. Uno de ellos, atribuido a un inspector, afirmaba que desde ese episodio ya no se le había permitido seguir haciendo su trabajo y que sus asesores analizaban acciones legales por persecución. Otro hablaba directamente de sanciones y traslados contra quienes denunciaban irregularidades dentro del municipio. No eran voces de ocasión. Eran señales de un clima. Los líquidos cloacales también llegan en camiones a Guaymallén.
De Buena Nueva a hoy, la cloaca sigue abierta
Refrescar aquella nota no es mirar para atrás por nostalgia. Es recordar que Ecos Mendocinos ya había mostrado, hace más de un año, que en Mendoza la impunidad también podía llegar en camión y descargarse en Guaymallén. El problema no era solamente sanitario. Era político, institucional y moral. Y cuando esos tres planos se mezclan, los desechos cloacales dejan de ser solo un residuo. Se vuelven parte de un sistema.
Por eso conviene volver a leer esa historia. Porque ayuda a entender que en Guaymallén la impunidad cloacal no empezó solo con e desastre de Los Corralitos. Y porque, cuando un medio advirtió a tiempo cómo operaba ese circuito de descontrol, encubrimiento y represalia, lo que corresponde no es dejar esa nota enterrada en el archivo. Lo que corresponde es ponerla otra vez arriba de la mesa.
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