Guaymallén: del data center a los camiones, pagan mucho y cuidan poco

11 mayo, 2026Denuncias, Portada
Camión municipal de Guaymallén circulando en visible estado de deterioro.

Por Néstor Bethencourt

Después del incendio del data center y en plena crisis del parque automotor, Ecos Mendocinos encontró un camión municipal circulando en condiciones alarmantes. Asientos destruidos, luces con fallas, cables colgando, pérdidas visibles y comandos ausentes muestran otra postal de una gestión que paga caro, pero cuida poco.

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Del data center al camión: la misma lógica

En Guaymallén parece repetirse una fórmula demasiado cara para los vecinos: se paga mucho, se anuncia bastante y después se cuida poco. Pasó con el data center, quedó expuesto con los sistemas municipales y ahora vuelve a aparecer en los camiones.

Ecos Mendocinos encontró circulando un camión volcador municipal del área de Servicios Públicos Interno CV 64 – AA741UJ y decidió mirar un poco más de cerca. Lo que apareció no fue una simple unidad usada por el paso del tiempo. Fue una postal cruda del deterioro cotidiano.

La unidad exhibía asientos destruidos, espuma expuesta, puertas incompletas, comandos ausentes y una cabina directamente degradada. El estado interior no parecía compatible con un vehículo municipal en servicio. Parecía más bien una herramienta empujada al límite.

El asiento del conductor estaba roto, vencido y sostenido con recursos improvisados. El asiento del acompañante mostraba tapizados arrancados, goma espuma visible y señales de abandono acumulado. En la puerta también se observaban faltantes notorios, paneles ausentes y mecanismos expuestos.

No hablamos de estética. Hablamos de condiciones laborales, seguridad y prestación de servicios públicos. Un trabajador municipal no debería salir a la calle en una unidad que parece vencida antes de arrancar.

Cabina deteriorada de un camión municipal de Guaymallén.
La cabina muestra asientos destruidos, elementos improvisados y deterioro general.

Luces, comandos, puertas y cables colgando

La revisión visual dejó más preguntas que respuestas. La calefacción no funcionaba correctamente, faltaban comandos internos y el aire acondicionado tampoco estaba operativo. La luz interior presentaba fallas, el tablero mostraba varias alertas encendidas y algunos comandos de luces no respondían como corresponde.

También se observaron problemas en luces delanteras y traseras. Había fallas en luces altas y en las luces de marcha atrás, dos elementos básicos para una circulación segura. En un camión pesado, esos puntos no son detalles menores ni cuestiones decorativas.

Puerta de camión municipal de Guaymallén sin panel interior.
La puerta evidencia faltantes, mecanismos expuestos y falta de mantenimiento.

El deterioro también alcanzaba cinturones de seguridad, manijas y mecanismos de apertura. Había trabas faltantes, manijas adaptadas y puertas que no funcionaban con normalidad. En algunos sectores, el camión parecía depender más de la improvisación que del mantenimiento municipal.

Interior de camión municipal de Guaymallén con asientos rotos.
El deterioro interior muestra una unidad lejos de condiciones dignas de trabajo.

La parte exterior tampoco ayudaba. Se observaron balizas faltantes, ausencia de rueda de auxilio, falta de cricket y neumáticos traseros en mal estado. Además, los neumáticos no eran del mismo tipo, una señal preocupante en una unidad de trabajo pesado.

Debajo del camión, la escena era todavía más inquietante. Había cables colgando en la parte trasera, pérdidas visibles y signos de desgaste en distintos componentes. También aparecían estribos deteriorados, paragolpes golpeados y señales de un uso prolongado sin cuidado suficiente.

El camión presentaba además pérdidas vinculadas a dirección, toma de fuerza, cilindro volcador y selectora de cambios. También se advertían problemas en amortiguadores, bujes, elásticos y traba de cabina. La unidad, incluso, evidenciaba dificultades para arrancar.

Compran, anuncian y después abandonan

Este caso aparece en un contexto que Ecos Mendocinos viene mostrando desde hace meses. Guaymallén tiene un parque automotor cada vez más grande, pero también cada vez más difícil de explicar.

Hay unidades dañadas, vehículos fuera de servicio, compras nuevas, licitaciones abiertas y expedientes que acumulan dudas. Mientras tanto, el municipio insiste con discursos de modernización, eficiencia y gestión ordenada.

La contradicción es evidente. Guaymallén incorpora vehículos, pero no logra cuidar adecuadamente los que ya tiene. Esa lógica resulta parecida a lo ocurrido con el data center: inversión importante, relato de modernización y después un incendio sin cobertura.

El problema no es solamente patrimonial. También es laboral, operativo y político. Cada camión deteriorado representa dinero público mal cuidado, servicios resentidos y trabajadores expuestos a condiciones indignas.

Un empleado municipal no debería manejar con asientos destruidos, cinturones deficientes, luces con fallas y puertas precarias. Tampoco debería circular en una unidad con cables colgando, pérdidas visibles y componentes deteriorados bajo el chasis.

La precariedad también es una forma de maltrato institucional. No siempre aparece en una planilla, pero se ve en cada asiento roto y en cada comando faltante.

Calvente mira lejos, pero no ve cerca

Marcos Calvente es intendente de Guaymallén. También aparece proyectado en otros espacios de poder, como el Clúster Minero y EMESA. Sin embargo, esa agenda de alto vuelo contrasta con una postal municipal bastante más básica.

Antes de mirar minería, energía o grandes estrategias provinciales, tal vez convendría mirar los propios camiones. Porque una gestión no empieza en una reunión de directorio. Empieza también en el estado de sus herramientas de trabajo.

No hay modernización posible sobre asientos rotos, cables colgando y vehículos mal mantenidos. Tampoco hay eficiencia real cuando el municipio compra, anuncia y después parece olvidar el mantenimiento básico.

La pregunta es sencilla: ¿cuántas unidades están funcionando en condiciones similares dentro del parque automotor municipal? Y otra más incómoda: ¿quién autoriza que esos vehículos sigan circulando?

Ecos Mendocinos encontró este camión funcionando y decidió mostrarlo. La puerta sin panel, los asientos destruidos, las luces con fallas, las pérdidas y los cables colgando dicen más que cualquier comunicado oficial.

Del data center a los camiones, Guaymallén parece atrapado en la misma lógica: pagar mucho, cuidar poco y explicar tarde. Mientras Calvente acumula cargos y discursos, el municipio acumula vehículos deteriorados, trabajadores expuestos y preguntas sin respuesta.

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