Guaymallén: Calvente, Conte y Raddi firman que no hay personal idóneo

27 febrero, 2026Política, Portada
Escritorio con pilas de expedientes y un sello de aprobado, simbolizando decisiones firmadas desde arriba sobre el personal de Guaymallén

De Guaymallén al Tribunal de Cuentas, el municipio admite por escrito que “no abundan funcionarios idóneos” para controlar contrataciones clave. El texto, firmado por Marcos Calvente, Ignacio Conte y Pablo Raddi, justifica que un solo director concentre pedidos, informes y decisiones sobre los expedientes electrónicos municipales. Mientras tanto, el personal de planta, capaz y mal pago, recibe ofertas salariales del 1% y es tratado como simple decorado administrativo. Por Néstor Bethencourt


Todo esto no sale de un off ni de un rumor político. Surge del expediente EXP-4624-2026, una respuesta formal que la Municipalidad de Guaymallén envió al Tribunal de Cuentas para justificar la licitación del sistema de expedientes electrónicos. En ese texto, que lleva las firmas del Intendente Marcos Calvente, Secretario de Gobierno Ignacio Conte, Director de Control de Gestión y Director de Innovación y atención al vecino Pablo Raddi, y Secretaría de Hacienda Alicia Zárate. Allí el municipio afirma que en áreas “de alta especificidad técnica” “no abundan funcionarios con la idoneidad necesaria” para integrar una comisión de control ajena al proceso.

El mismo escrito minimiza las observaciones del Tribunal y sostiene que la incompatibilidad detectada sería una “irregularidad puramente adjetiva”, porque lo importante sería la “verdad material” de la compra.

Traducido al criollo: no hay nadie mejor que Raddi, así que hay que dejarlo firmar todo, incluso en varios expedientes como Director de innovación y Atención al Vecino, y a su vez como Director de Control de Gestión.

Mientras tanto, entre el personal de planta sobran empleados capaces, honestos y mal pagos, a quienes nunca les preguntan nada y que encima van camino a un ajuste feroz.

El expediente que confiesa más de lo que quería

La escena es esta: el Tribunal de Cuentas observa la licitación del sistema de expedientes electrónicos y marca algo obvio.
La misma área que pide, evalúa y contrata es la que después controla y recomienda.

Y lejos de corregir el rumbo, lo explica y lo justifica.

En ese texto oficial se sostiene, en esencia, que:

  • El director de área es quien firma todo lo que entra al expediente.
  • El resto del personal aparece como un “equipo técnico” sin nombre ni responsabilidad visible.
  • Y en áreas “de alta especificidad técnica”, “no abundan funcionarios idóneos” para integrar una comisión de recepción ajena a la selección.

O sea: si todo está concentrado en un solo funcionario es porque, según ellos, no hay nadie más capacitado.

Si Raddi es “lo mejor que tienen”, ¿qué dicen del resto?

El razonamiento implícito es demoledor para adentro del Municipio.
Al decir que no hay cuadros idóneos para controlar en serio una contratación, están ninguneando a todo el personal que todos los días hace funcionar el Estado con sueldos miserables.

Y al mismo tiempo, el expediente presenta a Pablo Raddi como el técnico imprescindible que debe estar en todas:

  • Define lo que se compra.
  • Evalúa al proveedor.
  • Dictamina si es apto.
  • Y, de hecho, termina siendo el “especialista” que la propia Comisión usa como muleta.

La lógica es tan simple como peligrosa:
“No hay gente idónea, así que Raddi firma todo. Si hay un problema, la culpa es de las formas, no del fondo.”

Mientras tanto, los trabajadores de planta, administrativos, técnicos de verdad, operadores de sistemas y personal quedan reducidos a decorado.
Para este modelo de gestión, no existen como capacidad, solo como número de legajo y costo salarial.

La “irregularidad solo formal” y la verdad a medida

La traducción política de ese argumento es brutal:

Si el software más o menos anda, entonces da lo mismo quién pidió, quién evaluó, quién recomendó y quién controló.

La separación de funciones –pilar básico de cualquier control serio– pasa a ser un lujo teórico.
La legalidad se vuelve un detalle; la concentración de poder, una necesidad técnica; el control, un trámite para la foto.

Y encima lo dicen con orgullo, como si se tratara de una innovación en gestión.

Conte, Calvente y Zárate: la firma que los hace socios

Con esa firma conjunta, todos se hacen cargo de esa mirada sobre el personal municipal:

  • Que no hay idóneos para integrar una comisión como corresponde.
  • Que es normal que un solo director concentre decisiones, informes técnicos y control.
  • Que las observaciones del Tribunal son, en el mejor de los casos, molestias “adjetivas”.

Son los mismos nombres que ya aparecen una y otra vez en las notas de Ecos Mendocinos sobre:

  • Auditorías tardías y selectivas.
  • Camiones desaparecidos o desmantelados.
  • GPS y seguros en vehículos que no deberían ni circular.
  • Sistemas informáticos cambiados, rotos o superpuestos.

Y, aun así, se animan a escribirle al Tribunal que el problema es la falta de cuadros técnicos, como si Guaymallén fuera un desierto de capacidades y honestidad, y Raddi el último ingeniero en pie.

El personal real: capacidad, salarios bajos y ajuste en puerta

La contracara de ese relato está en los pasillos, no en los expedientes.
En cada dirección hay gente formada, con años de experiencia concreta, que sabe perfectamente:

  • Cómo debe tramitarse una contratación.
  • Qué controles de stock faltan.
  • Qué vehículos ya no existen en la práctica.
  • Qué sistemas funcionan y cuáles se sostienen con alambre.

Muchos de esos trabajadores cobran sueldos que apenas llegan a fin de mes y viven escuchando la palabra “ajuste” aplicada siempre para abajo:

  • Ajuste de horas extra.
  • Ajuste de unidades de servicio.
  • Ajuste de viáticos.
  • Ajuste de cualquier cosa que no sea dietas y cargos políticos.

Mientras tanto, la conducción municipal se planta ante el Tribunal de Cuentas y, en los hechos, usa al personal como excusa para justificar la concentración de poder en los mismos de siempre.

Mientras ofrecen 1% a los municipales, el Secretario de Gobierno Ignacio Conte posa en Berlín

La foto más sincera de esta lógica no está en un expediente, sino en las redes sociales. Mientras el Municipio asegura ante el Tribunal de Cuentas que “no abundan funcionarios idóneos”, el secretario de Gobierno Ignacio “Nacho” Conte comparte recordando ayer en Facebook su tour por Berlín, con visita al campo de concentración Sachsenhausen y al Muro, en plena temporada de paritarias.

Ignacio Nacho Conte comparte en Facebook fotos de su viaje a Berlín recientemente

El contraste con la realidad de los trabajadores municipales es brutal. El 13 de febrero de 2026, la propia Secretaría de Gobierno envió al SOEMGM una nota formal ofreciendo un 1% de aumento “como parte del proceso de actualización salarial en curso”. La propuesta está fechada a las 13.30 y lleva la única firma de Conte.

Nota de la Municipalidad de Guaymallén ofreciendo un 1 por ciento de aumento salarial al SOEMGM, firmada por Ignacio Conte
Nota de la Municipalidad de Guaymallén ofreciendo un 1 por ciento de aumento salarial al SOEMGM, firmada por Ignacio Conte

Es decir: para abajo, un 1% que no alcanza ni para cubrir un colectivo; para arriba, viajes a Europa. El mensaje es claro: no hay plata para salarios dignos, pero sí sobra tranquilidad para que los mismos funcionarios que ningunean al personal disfruten de vacaciones de lujo mientras dicen representar al municipio.

El mensaje final: “Ustedes no alcanzan, pero firman por nosotros”

El expediente deja un mensaje implícito que debería indignar a cualquier trabajador municipal de Guaymallén:

“Ustedes no son idóneos para controlar una licitación, pero sí alcanzan para que nosotros los hagamos responsables cuando algo explote.”

Porque la historia ya la conocemos: cuando el Tribunal observa, la culpa se reparte en abstracto; cuando se filtra un escándalo, la responsabilidad recae en un empleado de rango medio; cuando finalmente algún expediente llega a la Justicia, nadie de arriba se acuerda de lo que firmó.

Esta vez, sin embargo, hay un matiz distinto.
En este expediente las firmas están alineadas y el mensaje es clarísimo:
ellos mismos escribieron que no confían en el personal para controlar, pero sí confían en ese personal para sostenerles la gestión mientras ajustan recursos y concentran decisiones.

La pregunta obvia queda flotando:
si de verdad creen que Pablo Raddi es “lo mejor” que tienen, ¿qué clase de proyecto de administración pública están ofreciéndole a Guaymallén?

Al margen de tecnicismos, este expediente queda como algo más que una simple “ampliación de respuesta”.

Es una radiografía escrita por ellos mismos sobre cómo conciben el poder, el control y al personal municipal. No lo redactó un opositor, ni un sindicato, ni un periodista: lo firmaron Marcos Calvente, Ignacio Conte y Pablo Raddi, con total tranquilidad.
Para cualquier trabajador de la Municipalidad de Guaymallén, este texto debería ser una lectura obligatoria.

Ahí está, negro sobre blanco, cómo los describen quienes deciden su salario, su carga horaria y sus condiciones de trabajo. Si para justificar a un director dicen que “no abundan funcionarios idóneos”, el desprecio no es solo hacia afuera: también es hacia adentro.
El Tribunal de Cuentas, la Justicia y cualquier auditoría futura tendrán en este expediente una pieza clave. Cuando alguien intente explicar que “no sabían”, bastará con leer estas páginas y mirar las firmas del final. Porque en Guaymallén puede faltar de todo, menos pruebas de quiénes se creen intocables y cómo desprecian al resto mientras se aferran al sistema que ellos mismos diseñaron.

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