En Guaymallén la inteligencia artificial existe en ambos lados del mostrador; la diferencia es que acá la usamos para leer expedientes y verificar información, y allá parece servir para decorar la modernización mientras los mismos agujeros siguen abiertos. Por Néstor Bethencourt

En Ecos Mendocinos utilizamos inteligencia artificial.
La Municipalidad de Guaymallén también.
La diferencia no está en la tecnología, sino en la intención con la que se la usa.
Mientras este medio la aplica para analizar expedientes, ordenar documentación, cruzar datos y detectar inconsistencias administrativas, el municipio parece emplearla como una formalidad moderna, más orientada a justificar estructuras que a controlar su funcionamiento real. Ambos trabajamos con herramientas digitales, pero solo uno las utiliza para incomodarse.
Lejos de ser una confesión incómoda, el uso de inteligencia artificial en periodismo es una decisión lógica en un contexto donde los expedientes se cuentan por miles y el desorden administrativo es casi un método. Sin embargo, en Ecos Mendocinos la IA es apenas el primer paso, porque cada resultado se verifica manualmente, se contrasta con documentación original y se consulta con profesionales cuando corresponde, ya sea en lo legal, lo contable o lo administrativo. La tecnología ordena, pero el periodismo valida.
En cambio, resulta llamativo que una estructura municipal que paga servicios premium, plataformas de gestión y asesorías tecnológicas costosas no logre ver lo que un medio independiente detecta con recursos limitados, tiempo y una cuota de insistencia que parece haber desaparecido de la administración pública. Cuando la tecnología existe y el control no aparece, el problema deja de ser técnico y pasa a ser político.
La IA como punto de partida, no como verdad final
La herramienta sirve para abrir puertas, no para cerrarlas.
El criterio humano es el que decide si algo es publicable, relevante y jurídicamente sólido.
El control profesional es el que transforma un hallazgo técnico en información periodística confiable.
De ese modo, la IA no reemplaza el trabajo periodístico, sino que lo potencia, siempre bajo una lógica de verificación y responsabilidad editorial que no admite atajos.
Tecnología para encontrar, no para ocultar
Desde otra perspectiva, resulta llamativo que un medio digital, sin presupuesto millonario ni contratos estatales, encuentre irregularidades que una estructura municipal completa no ve, aun contando con sistemas pagos y direcciones técnicas específicas para controlar. La diferencia no está en el software, sino en la voluntad de mirar.
Mientras Ecos Mendocinos usa inteligencia artificial como una herramienta de control ciudadano, el municipio parece utilizar su estructura tecnológica como un decorado administrativo que rara vez se traduce en autocrítica real. En ese contraste aparece la pregunta incómoda:
¿no lo ven porque no saben, o no lo ven porque no quieren?
GPS, seguros y vehículos que solo existen en los expedientes
Un ejemplo claro fue la saga de los GPS y los seguros de vehículos municipales.
A partir del cruce de expedientes, pólizas, fechas administrativas y estados reales de los móviles, quedó expuesto que existían unidades fuera de servicio, desmanteladas o dadas de baja, que seguían figurando con GPS activos y seguros vigentes. No fue un golpe de suerte, fue una lectura ordenada de datos públicos.
Toda esa información estaba en manos del municipio antes que en las nuestras.
Estaba en sus sistemas, en sus contratos y en su propia documentación interna.
La diferencia fue que un medio independiente decidió unir los puntos, mientras la estructura oficial prefirió mirar cada papel como si fuera una isla aislada.
Rentas Guaymallén y la modernización que terminó en retroceso
Otro caso paradigmático fue el de Rentas Guaymallén y su sistema de modernización tecnológica.
Se anunciaron mejoras millonarias, se prometió eficiencia y se habló de salto cualitativo en la gestión. Finalmente, el sistema colapsó, se volvió al esquema anterior y el caos administrativo quedó expuesto. La inteligencia artificial no hizo falta para detectar el problema, pero sí para ordenar la evidencia que lo demostraba.
Mientras el municipio ensayaba explicaciones y rectificaciones tardías, Ecos Mendocinos ya había advertido que la modernización no cerraba por ningún lado. No porque tengamos mejores sistemas, sino porque tenemos algo menos frecuente: la decisión de revisar sin compromiso político previo.
Lo que todavía no publicamos
En este punto conviene aclarar que existen áreas que todavía no salieron a la luz pública y que merecen un capítulo propio.
Auditorías internas que parecen ejercicios de simulacro administrativo.
Controles de gestión que llegan incompletos o con omisiones difíciles de justificar.
Licitaciones que rozan lo surrealista, donde se compra lo imposible o lo conceptualmente absurdo.
Todo eso está en carpeta, todo eso se está verificando y todo eso llegará.
No como amenaza, sino como continuidad de una tarea que no se negocia.
La diferencia no es técnica, es ética
Cuando un medio independiente detecta irregularidades que una estructura estatal completa no ve, el problema no es tecnológico.
Tampoco es presupuestario.
Ni siquiera es formativo.
El problema es ético e institucional.
La inteligencia artificial no tiene cargos, no tiene lealtades políticas, no tiene miedo y no necesita proteger estructuras. Solo ordena datos. La incomodidad aparece cuando esos datos dicen cosas que nadie quiere escuchar.
Confesión final
La IA no reemplaza al periodismo, lo obliga a ser más riguroso.
El problema no es que una máquina vea lo que pasa.
El problema es que una institución decida no mirar.
Firma:
Néstor Bethencourt
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